– En esta cocina se ha cometido un crimen. Sí, un crimen. El culpable está aquí, entre nosotros, entre estas cuatro paredes. Y os prometo que voy a descubrir quién lo ha hecho. Anoche, cuando fuimos a dormir, ése plato estaba lleno a rebosar de trufas de chocolate. ¡A rebosar! ¿Podéis explicarme cómo ha llegado a esto? – señalo al plato, desierto y desolado -. ¡¡Miradlo!! ¿Cómo ha podido quedar vacío, hueco, sin vida? ¿Con ese reguero de fideos de chocolate y sprinkles por la encimera, cual rastro de sangre de vil asesinato?
Toses, carraspeos, miradas huidizas.
– Josete, Berta. Vuestras almohadas tenían manchas de chocolate esta mañana. Sabed que las he llevado a analizar al laboratorio, sólo es cuestión de tiempo que sepa la verdad. ¿Habéis sido vosotros? ¡¡Confesad!!
– ¡Mamá, jopé! ¡Que tengo examen de mates, déjame ir al insti!
Observo a mis hijos con ojos entrecerrados. Mi hija me mira desafiante y exasperada, pero eso no significa nada porque es adolescente y es su estado natural. Mi hijo contempla el techo, las paredes, la puerta. ¿Buscando un punto de huida? Huumm… Interesante. Me vuelvo hacia el cari.
– Cari…
El cari da un respingo. Tiene la boca llena y su mirada es suplicante. Mastica compulsivamente tres, cuatro, cinco veces, y traga cual pavo acongojado. Luego dibuja en su rostro una sonrisa congelada. Entre sus dientes hay restos de chocolate y sprinkles. No me cabe la menor duda de que él también está implicado, pero ya tendré una conversación con él. A solas.
Contemplo al perro, que me mira sonriente y levanta unas orejas exageradamente grandes para un cráneo tan pequeño. De los pelos de su barba cuelgan fideos de chocolate. ¿Es él? ¿Es el traidor?
– Sultán, ¿puedo saber qué has comido? – le increpo.
El perro menea la cola con tanta energía que pienso que puede llegar a dislocarse el culo del resto del tronco. Agarra la correa con la boca y me mira expectante y feliz. No es el más listo de la familia.
– Escuchadme bien, porque sólo lo voy a decir una vez. Salid al colegio, al instituto, al trabajo. Comportaos con normalidad porque sabéis que siempre ando cerca y, al menor signo de culpabilidad, os daréis la vuelta y allí estaré. ¡Vigilándoos! No intentéis salir del país porque no pararé hasta dar con vosotros y traeros de vuelta. Y rezad para que el laboratorio no me diga que el culpable es uno de vosotros, porque la justicia caerá sobre el infractor con toda su implacabilidad. ¡Un año entero de colgar coladas y limpiar hornos! ¡¿Me habéis oído?!
Todos asienten raudos menos el perro, que me observa con mirada huida como la abuela cuando no oye bien lo que acabo de decirle pero sabe que he dicho algo.
– Yo, entre tanto, voy a conseguir ingredientes y a preparar más trufas. Rezad para que a lo largo de la mañana se me pase la indignación, ¡porque llevaba toda la noche soñando con trufas y me habéis dejado sin desayuno! ¡Moved el culo, glotones!
Lista de la compra para nuestras trufas de chocolate:
- 250 g. de chocolate negro.
- 200 g. de leche condensada.
- 50 g. de mantequilla a temperatura ambiente.
- 1 cucharadita de esencia de vainilla.
- Fideos de chocolate y sprinkles de colores para decorar.
Utensilios para elaborar nuestras trufas de chocolate:
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- Cazo para calentar al baño María.
- Cuchara de madera.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, partimos el chocolate negro en trozos pequeños y los ponemos en el cazo. Añadimos la mantequilla y calentamos al baño María hasta fundir mientras removemos. También podemos calentar al microondas en intervalos de 20 – 30 segundos.




2. A continuación, añadimos la esencia de vainilla y la leche condensada y removemos hasta homogeneizar. Guardamos la mezcla en un tupper cerrado y reservamos 1 hora en la nevera para que se endurezca.




3. Transcurrida la hora, extraemos el tupper de la nevera y vamos cogiendo porciones de la mezcla con una cuchara para darle forma redonda con las manos. Una vez redondeadas, pasamos cada bolita por los fideos de chocolate o los sprinkles de colores y ya tenemos nuestras deliciosas trufas de chocolate listas para devorar. Sólo debéis recordar guardarlas en la nevera en caso de que las preparéis en verano y viváis en lugares tórridos como Toledo. Si las preparáis en invierno, pueden conservarse a temperatura ambiente. ¡A disfrutarlas!




– Ooohhh… qué riiicaaa… Ñam, ñam, ñam… ¡Otra! Ñam, ñam… Ríos de trufas de chocolate. Si fuera presidenta del gobierno, ordenaría construir ríos de trufas de chocolate que atravesaran todas las ciudades y pueblos del Estado… ñam, ñam, ñam… ¡Otra! Ñam, ñam… Y en el cielo, soles de trufas de chocolate… ñam, ñam… ¡Otra! Ñam, ñam, ñam… Y los repartidores de Shein serían androides fabricados con trufas de chololate… ¡Otr..! ¿¿…?? ¿Qué ha pasado? ¿No hay más trufas…?
Palpando plato. Palpando plato. Mirando plato con incredulidad.
– ¡Rediós! ¡Se han acabado otra vez! ¿Ahora qué hago? El cari está a punto de llegar del trabajo… ¡No puede saber que me he zampado el plato entero de trufas de chocolate! Voy a hacerme la digna. Eso es. Voy a decir que no hay trufas porque no he podido prepararlas pero que le he perdonado porque soy indulgente. No va a colar. Mejor le digo que le he perdonado porque ha llegado el pedido de Shein. Eso es. No va a sospechar nada.
…a menos que entre en toledoendulce.com y vea las fotos de trufas que envié antes de comérmelas todas…
¡¡Cagüen!!





Han puesto su alma en estas increíbles trufas de chocolate:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




