Cada uno de nosotros vivimos la Semana Santa de una forma diferente. Para unos es tiempo de recogimiento, a otros les da igual porque siguen trabajando y ni se percatan de las fechas. Hay quien no puede desconectar del trabajo y mira su correo a hurtadillas cuando nadie lo ve. Algunos aprovechan para descansar y ver series, otros se marchan al pueblo a ver a la familia; algunos son de playa y otros de montaña. Pero hay algo en lo que todos somos iguales: nadie dice que no a unos dulces de Semana Santa.

Es la última oportunidad de darle esos maravillosos caprichos a nuestras barrigas antes de entregarnos al gimnasio con frenesí en un intento de arreglar lo que hizo primero la Navidad, luego el Año Nuevo, los Reyes, más tarde la Cuaresma y la Semana Santa después. No os resistáis: las fiestas están malévolamente diseñadas para que todos lleguemos al verano como las figuras de Buda. No hay nada que podamos hacer para evitarlo, así que disfrutad de los deliciosos dulces de Semana Santa que vienen de vuelta cada año. ¡Sin remordimientos! Ya tendremos tiempo de probarnos el bikini y darnos cuenta de que ha vuelto a encoger.

Pues sí, me conocéis demasiado bien, ya lo habéis adivinado: hoy vengo a hablaros de esos deliciosos dulces de Semana Santa que hacen a nuestras básculas empezar a averiarse para marcar kilos de más allá por el mes de abril. (Y mira que suelen ser nuevas, la mayoría están compradas después de empezar a estropearse marcando kilos de más después de la Noche de Reyes. ¡Qué mala es la obsolescencia programada!).

Por supuesto, vamos a comenzar por la reina de la Semana Santa. Ese dulce sin cuya presencia no habría Cuaresma ni Semana Santa tal como las conocemos. La princesa de nuestras sartenes entre febrero y abril. La perdición dulce de textura cremosa que impregna con su aroma nuestros días hasta el Domingo de Resurrección: la torrija.

Torrijas de Semana Santa
Torrijas de Semana Santa

La torrija.

Seguramente las torrijas son los dulces de Semana Santa con más solera. Se elaboran con rebanadas de pan, normalmente duro, que se empapan en leche o vino, se rebozan en huevo, se fríen con aceite y se endulzan con miel o azúcar y canela. La referencia más antigua a la torrija, aunque sin especificar este nombre, data de la época del Imperio Romano, en el libro “De re coquinaria”, que se atribuye a Marco Gavio Apicio, un golosete romano que dilapidó su fortuna en la búsqueda de los ágapes más selectos  y que acabó suicidándose al percatarse de que su glotonería lo había arruinado.

En el siglo XV ya aparece la “torreja” en diversas fuentes como un alimento apropiado para acelerar la recuperación de las parturientas, y en el siglo XVII se nombra a las torrijas en obras de Lope de Vega o Francisco Martínez Motiño, cocinero de palacio de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. El por qué comenzaron a asociarse a la Cuaresma y la Semana Santa se debe seguramente a la prohibición de comer carne en estas fechas, que obligaba a la gente a hacer acopio de calorías en los alimentos que sí se permitía comer para poder soportar las largas jornadas de trabajo.

A día de hoy existen multitud de variantes de la clásica torrija, a cual más rica: torrijas con nata, torrijas de Baileys, de licor de chocolate, café con leche e incluso torrijas vegetarianas con leche de soja y garbanzo como sustituto del huevo.

Torrijas de Semana Santa

Buñuelos

Consisten en bolas de harina con huevo y levadura que se fríen en aceite. Aunque tradicionalmente se consumen huecos (los típicos buñuelos de viento), pueden contener rellenos para todos los gustos: buñuelos de calabaza, de patata, de queso, bacalao, nata o chocolate que harán las delicias de cualquiera en estas fechas.

Estos típicos dulces de Semana Santa posiblemente proceden también de la antigua Roma, donde se elaboraba un dulce similar llamado globo, pero fueron los árabes quienes popularizaron su consumo en la península entre sus “frutas de sartén”.

A día de hoy se consumen en casi cualquier lugar del mundo. En México se elaboran con licor de anís, y en Argentina, donde las llaman masa bomba, con pasta Choux rellena de dulce de leche. En Italia, donde aseguran que la invención de los buñuelos fue obra de un pastelero de la corte de Catalina de Médici, se rellenan de crema pastelera y se cubren con chocolate. Probéis la versión que probéis, ahí va mi consejo de experta: esconded unos pocos en la mesilla de noche y disimulad mientras los demás discuten por comerse el último.

Buñuelos de Semana Santa
Buñuelos de Semana Santa

Mona de Pascua

Se trata de unos bollos dulces similares al roscón de reyes, de masa muy tierna, con un hueco en el centro donde se coloca un huevo cocido. Es habitual sobre todo en la Comunidad Valenciana y en Murcia, donde la tradición insta a que, el Domingo de Pascua, el padrino regale a su ahijado una mona de Pascua. Después, el Lunes de Pascua, todos juntos hacen una excursión al campo para comerlo en familia. Es por esto que ese lunes se conoce como el “Día de la Mona”.

En la Comunidad Valenciana existe una variedad llamada panquemado, toña o fogaseta, que se elabora en forma de animal como cocodrilos, tortugas o serpientes con el huevo en la boca. En Cataluña y Baleares se rellenan de crema, chocolate o mermelada y en Menorca se cubren con merengue.

El origen de la mona de Pascua se remonta a Al-Ándalus, cuando los árabes regalaban a sus señores la mounna, que significa provisión de la boca, como símbolo de fertilidad y renacimiento.

Mona de Pascua
Mona de Pascua
Panquemado valenciano

Roscos fritos o rosquillas

Otro de los dulces de Semana Santa que se remonta al Imperio Romano, desde el que se extendió al resto de Europa. Se elabora con distintos tipos de masas más o menos esponjosas. La más simple es la “rosquilla tonta”, que suele ir perfumada con anís. A partir de ésta, tenéis todas las versiones de rosquillas que podáis imaginar: rosquillas de chocolate, de limón, rosquillas de canela, de naranja o de leche condensada.

Rosquillas de Semana Santa
Rosquillas de Semana Santa
Rosquillas de Semana Santa

Arroz con leche

Su origen se localiza en Asia, desde donde se difundió a Europa y África y, en el s. XVI, a América, con la colonización del Nuevo Mundo. A día de hoy se consume en todo el planeta, aunque cada país le aporta su toque especial. En Italia le dan sabor con cáscara de naranja y pasas, en Alemania con manzanas y en los países nórdicos con vainilla; en la cuenca mediterránea es común usar canela, en Francia caramelo y en la India cardamomo y pistacho. En Puerto Rico emplean leche de coco, en Argentina y Uruguay, dulce de leche, y en Islandia, como hace mucho frío, manteca. Viajéis donde viajéis encontraréis una versión distinta de este plato, popular donde los haya, pero todas estarán igual de ricas.

Arroz con leche

Pestiños

Típicos sobre todo de Andalucía, estos tradicionales dulces de Semana Santa se elaboran con masa de harina frita endulzada con miel y cuyo sabor tan especial se logra a base de naranja, canela, matalaúva o ajonjolí. Su origen se sumerge en todas las culturas que habitaron la península a lo largo de los siglos: la masa de trigo procede de los romanos, las especias son un legado musulmán y el sabor a naranja amarga es típico de la cocina sefardí, que nos legó las fijuelas, germen de las hojuelas manchegas cuya elaboración es similar a la de los pestiños. Están tan enraizados en nuestra cultura que encontramos alusiones a los pestiños en multitud de obras literarias de nuestra historia, desde La Lozana Andaluza de Francisco Delicado hasta el Sombrero de Tres Picos de Pedro Antonio de Alarcón, pasando por el Quijote de Cervantes.

Pestiños de Semana Santa
Pestiños de Semana Santa

Huevo de Pascua

Se cree que la costumbre de comer huevos al finalizar el invierno viene incluso de mucho antes, de la Edad de Hielo. Con la llegada de la primavera, las aves regresaban al norte (a Europa) y sus huevos suponían una fuente de alimento para el hombre hasta la subida de las temperaturas, que acarreaba una mayor abundancia de caza. Esta es la razón por la que el huevo comenzó a utilizarse como obsequio, en símbolo de la vida y fertilidad que la primavera traía consigo.

En la Edad Media, cuando la Iglesia prohibió el consumo de carne durante la Cuaresma y Semana Santa, equipararon los huevos a la carne, por lo que tampoco se podían consumir huevos. Para no perder esos huevos, la gente los cocía y los guardaba durante semanas pintándolos de colores con el fin de no confundirlos con los huevos que no estaban cocidos. Con el paso del tiempo esta práctica de pintar los huevos se transformó en una tradición de Cuaresma, y regalar huevos pintados se convirtió en una práctica del Domingo de Resurrección, cuando se podían volver a consumir.

Esta fue la razón por la que los pasteleros, al llegar la Semana Santa, comenzaron a elaborar dulces con forma de huevo que decoraban con vivos colores. Esta costumbre dio paso más recientemente al huevo de chocolate que, según la leyenda, es escondido por el conejo de Pascua para que los niños lo encuentren, tradición que se mantiene en muchos países.

Huevos de Pascua
Huevos de Pascua

Como veis, la tradición de los dulces de Semana Santa y Cuaresma es antiquísima, y su sombra muy alargada. ¿Para qué resistirse a ella? Hagamos acopio de ingredientes en nuestras despensas para superar con estoicismo estas duras semanas en las que solo podremos consumir dulces y más dulces. Y más dulces.

Me habré dejado montones de postres sin mencionar, pero es que no doy abasto para tanta repostería con tan pocos meses de Cuaresma y Semana Santa, (igual deberíamos alargarlas hasta los Sanfermines, ¿no creéis?). Si en vuestra tierra tenéis algún dulce que me haya dejado en el tintero, ¡decídmelo! Os prometo que buscaré el hueco en mi agenda culinaria de Pascua, aunque sea a costa de tirar del reparto a otro dulce. ¡Aquí, todos los dulces tienen su oportunidad! ¡Faltaría más!

Ana Sanz

Ana Sanz

La Ilustre Gacetillera

Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.

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