Hoy os voy a hablar de la historia de Toledo, dejando claro que hablar de fechas, acontecimientos y guerras tan solo ayuda a arañar la superficie de las vidas y devenires de las distintas civilizaciones que, con el paso de los siglos, vinieron, dejaron su huella y se marcharon, pero nunca del todo. Es imposible conocer todos los secretos que la ciudad guarda para sí, pero intentaremos ayudar a entender la maraña de culturas, leyendas y singularidades que han dado lugar a lo que es Toledo en la actualidad.
Toledo, esa ciudad que recorta orgullosa sus torres y sus picos contra el horizonte, la ciudad donde el tiempo se detuvo en algún momento de un pasado remoto. Caminar por sus callejuelas es adentrarse en un mundo en el que el tiempo no existe, un lugar donde conviven comodidades de la vida moderna con los ecos y espejismos de épocas colmadas de caballeros, batallas, brujerías y supersticiones. El devenir de los siglos ha visto aparecer y desaparecer civilizaciones, ha visto guerras, periodos de bonanza, ha visto culturas derrumbarse y otras distintas surgir de las ruinas. Y en medio de todo ello, Toledo, esa ciudad que vigila en su cima arrullada por el Tajo, ha permanecido impasible ante el paso de los siglos.


Primeros asentamientos.
Los primeros asentamientos que se conocen en Toledo, en los albores de las civilizaciones, corresponden a una serie de castros o cabañas de la Edad de Bronce sobre los que más tarde se asentaría una ciudad carpetana, en el Cerro del Bu, la zona junto al Tajo comprendida entre la Piedra del Rey Moro y el Puente de la Degollada. “Pero, ¿qué clase de nombres son esos?”, os preguntaréis. ¿El Cerro del Bu? ¿Puente de la Degollada…? En la historia de Toledo todos los nombres tienen su explicación aunque, viniendo de épocas tan remotas, esa información no llegó por medio de manuscritos, sino a través de leyendas. Muchos pensaréis que esas leyendas son solo cuentos que los abuelos narran a sus nietos, pero en Toledo todos sabemos que en nuestras leyendas hay mucho de verdad: solo hay que saber interpretarlas.


Historia de Toledo. La leyenda del Cerro del Bu
Esta leyenda habla precisamente de las culturas carpetanas que habitaban la zona antes de que llegaran los romanos. Cuentan que esta sociedad primitiva adoraba a Baal-Cebú, un demonio que exigía el sacrifico de vírgenes para no derramar su ira sobre el pueblo. Un día, el sacerdote encargado de llevar a cabo el ritual se enamoró de la joven que debía sacrificar y escapó con ella. Fue tan grande la ira de Belcebú que hizo a la montaña resquebrajarse en dos para que ejércitos de demonios surgieran de entre los infernos en busca de la los amantes, pero el sacerdote, por medio de ritos mágicos, consiguió escabullirse con la joven. Desde entonces, el cerro está maldito y toda pareja de amantes que se bese sobre estas tierras acabará odiándose para siempre.
Se sabe que, en la Edad Media, existió en el cerro una torre llamada “Torre de los Diablos”, de la que cuentan que ocultaba una puerta al infierno. Y dicen que, en las noches de luna llena, se abre una grieta entre las rocas de la que surgen resplandores rojizos.
Legado romano.
En el año 193 a. C., Toledo fue conquistada por los romanos de la mano de Marco Fulbio Nobilior, general romano que puso sitio a la ciudad y consiguió apoderarse de ella a pesar de la resistencia ofrecida. La captura del rey de los celtíberos cerca de la ciudad por este general dio lugar a la primera mención de Toletum en documentos romanos.
Existen numerosos restos romanos en la ciudad de Toledo y sus alrededores, como el circo romano parcialmente desenterrado o los restos de un gran acueducto a ambos lados del río Tajo. Sin embargo, la mayor parte de los restos se encuentran sin desenterrar, bajo la superficie de los actuales barrios toledanos. Se tiene constancia de la existencia de un anfiteatro, varias calzadas, termas y villas.

La cultura romana nos dejó en herencia en la historia de Toledo mucho más que los restos arquitectónicos. Ya hemos hablado en otros posts acerca del origen romano de muchos de los dulces que consumimos en la actualidad. Si fuera posible encontrar restos de pastelería junto a las ruinas de teatros romanos, probablemente encontraríamos los “dulciarius” que se consumían en aquella época: dulces como la placenta o el libium, unas tortas elaboradas con harina, huevo, queso y miel; los artologanus, de origen griego, se elaboraban con vino, leche, aceite y pimienta, y la spira, similar a la placenta, se horneaba en forma de trenza y se cubría con miel.
Época visigoda.
La caída del imperio romano trajo consigo la entrada en la península de pueblos bárbaros como los alanos, que conquistaron Toledo en el año 411, y los visigodos, que se hicieron con la ciudad pocos años después, en el 418. Atanagildo hizo de la ciudad la capital del reino y una de las ciudades hispánicas más importantes de la época.
Las costumbres culinarias no variaron mucho con respecto a las romanas: a pesar de tratarse del pueblo invasor, fueron los visigodos quienes acabaron asumiendo las costumbres romanas con el paso de los años. Los dulces también se elaboraban a base de miel dado que el azúcar aún no había llegado a la península. Algunos postres populares durante el reino visigodo eran el requesón con miel o la melimela: una mezcla elaborada a base de miel, calabaza, frutas diversas como manzanas o higos y grasa de cordero.


El legado árabe.
La era de los visigodos en la península acabaría pocos siglos después ya que una nueva invasión procedente del sur iba a reemplazar a las culturas romana y visigótica trayendo consigo nuevas conocimientos en todos los ámbitos, y también en el culinario. En el año 711, los árabes comenzaban la invasión peninsular y conquistaban Toledo sin apenas resistencia, ya que el grueso de la población había huido. Comenzaba para la historia de Toledo el tiempo de Al-Ándalus.
Existe una leyenda en torno a la llegada de los musulmanes a Toledo y la caída del reino visigodo. Una leyenda tan conocida que el mismísimo Marqués de Sade escribió sobre ella en sus Crímenes del Amor: se trata de la leyenda de la Cueva de Hércules.
Historia de Toledo. La Leyenda de la Cueva de Hércules
Cuenta la leyenda que Hércules recorrió España de punta a punta hasta encontrar el fin del mundo: Finis Terrae. En el camino fundó ciudades como La Coruña y Toledo, y en esta última construyó una torre encantada con cuevas subterráneas donde practicaba sus ciencias ocultas. Cuando abandonó la ciudad, cerró la puerta de la torre con un candado y ordenó que cada nuevo gobernante colocara un nuevo candado ya que, si algún rey osaba alguna vez traspasar esa puerta, la desgracia se cernería sobre su pueblo. Con el paso de los siglos y el olvido propio del tiempo, tantos candados hicieron pensar que allí se había encerrado un maravilloso tesoro, y a Don Rodrigo, último rey godo, le pudo la curiosidad…
Ordenó a su séquito romper los candados para explorar la torre y encontrar el tesoro que guardaba en su interior. Una vez que él y su séquito lograron entrar, vieron un ejército de estatuas de piedra que parecía custodiar un pequeño cofre. Comenzaron a escuchar unos golpes que subían rápidamente de volumen hasta hacerse ensordecedores, y observaron aterrados que el ruido procedía de una de las estatuas que blandía una maza y golpeaba con estrépito cuanto había a su alrededor. Al poco, la estatua quedó inmóvil, los golpes cesaron, y los hombres recuperaron el sosiego. Se acercaron al cofre y lo abrieron creyendo haber encontrado el tesoro encerrado por Hércules, pero en su interior solo hallaron una inscripción:
“Rey desdichado, por tu mal aquí has entrado. Por extrañas naciones serás despojado y tu pueblo castigado. A Ares invoco, mi oficio hago”. Cuentan que, en ese momento, los árabes desembarcaban en la península tras haber cruzado el Estrecho de Gibraltar.
A lo largo de los siglos, estas cuevas han sido objeto de numerosos relatos que narraban los sucesos infernales que ocurrían en su interior. En el siglo XVI, el Cardenal Silíceo ordenó reconocer las Cuevas de Hércules para demostrar que no existía nada demoníaco en ellas. No se sabe bien qué motivó que los exploradores salieran de las cuevas demacrados y murieran pocos días después. Seguramente se trató de algún microorganismo que había permanecido encerrado durante siglos, pero aquella exploración acabó con las cuevas nuevamente tapiadas hasta mucho tiempo después.
A día de hoy se sabe que estas cuevas fueron construidas en época romana para abastecer de agua la ciudad, y están formadas por diversas galerías que conectan sótanos de edificios antiguos. Los buscadores de tesoros las han vuelto a poner en su punto de mira en los últimos años ya que existe la creencia de que el tesoro visigodo escondido en su interior nunca fue encontrado y, entre los numerosos objetos que siguen escondidos, podría hallarse la mesa del rey Salomón.

Hasta aquí el post de hoy sobre la historia de Toledo, esta bella y misteriosa ciudad. Si queréis conocer el resto de la historia de Toledo, acudid a nuestro siguiente post. Y si os han narrado otras leyendas acerca de estas civilizaciones que habitaron Toledo, contádnoslas. ¡Existen cientos de leyendas sobre Toledo y queremos conocerlas!

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




