Bienvenidos de nuevo, mis intrépidos reposteros. Buscad el delantal y el rodillo y metedlos en la mochila, que nos vamos de viaje. Hoy vamos a visitar Portugal para zamparnos uno de sus dulces más insignes: los pasteles de Belem. ¿Venís con nosotros?
Lisboa, sus fachadas de colores y su tranvía; Oporto, la Ribeira y su bellísima librería Lello; Madeira, Coímbra, Óbidos, el Algarve… Disfrutaremos los vinos de Oporto, los fados, el bacalao cocinado de mil maneras y, por supuesto, uno de sus dulces más ricos y también más misteriosos: los pasteles de Belem. ¿Que por qué son misteriosos? Porque es la versión portuguesa de la Coca Cola: dicen que únicamente siete personas conocen su auténtica receta en todo el planeta.
Como ocurre con tantísimos otros dulces, los pasteles de Belem tienen origen monacal. Sus creadores fueron los monjes del monasterio de Santa María de Belén, que vendieron su receta a un repostero al cerrar el monasterio en 1834. Dicho repostero creó la pastelería Casa Pastéis de Belém, cuyo “taller del secreto” esconde el ritual de su fabricación. Dicen que la elaboración de los pasteles dura dos días.
Por supuesto, nosotros no formamos parte del reducido grupo de personas que conocen el secreto de su receta. También vais a notar que no hemos tardado dos días en elaborar los pasteles. Sin embargo, aunque no sean los pasteles originales, estamos seguros de que vais a disfrutar la receta que os mostramos a continuación. ¡Vamos al súper!
Lista de la compra para nuestros pasteles de Belem:
- 300 ml de leche entera
- 175 g. de azúcar
- 175 ml. de agua
- 5 yemas de huevo
- 25 g. de harina de trigo
- 20 g. de maicena
- 1 lámina de hojaldre rectangular
- La piel de un limón
- 1 rama de canela
Necesitarás los siguientes utensilios:
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Jarra medidora.
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Cazo.
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Varillas manuales.
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Colador.
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Moldes para pasteles de Belém
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Spray desmoldante
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Tabla de cortar
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Bandeja de horno.

¡Manos a la obra!
1. Comenzamos introduciendo la lámina de hojaldre en la nevera para que se enfríe. De esta forma, podremos trabajar mejor con ella y evitaremos que se pegue.
2. Echamos el agua en un cazo. Añadimos el azúcar, la piel del limón y la rama de canela. Removemos bien y lo llevamos al fuego. Cuando empiece a hervir, dejamos que hierva durante un minuto, apagamos el fuego y reservamos.



3. Ponemos en otro cazo la maicena y la harina de trigo y mezclamos. Agregamos la leche poco a poco, removiendo al mismo tiempo para evitar que se formen grumos. Cuando hayamos añadido toda la leche, lo llevamos al fuego sin dejar de remover para que la mezcla espese.




4. Una vez que la densidad sea como la de una crema, añadimos poco a poco la infusión del agua con azúcar, canela y piel de limón. Emplearemos un colador para evitar que caigan trozos en nuestra crema.
5. Cuando todo esté bien integrado, dejamos al fuego 5 minutos más, apagamos el fuego y reservamos.


6. Sacamos la lámina de hojaldre de la nevera y la enrollamos sobre sí misma. Si está bien fría, no debe resultar difícil trabajar con ella. Si no estuviera lo suficientemente fría, introducimos el rollo de hojaldre media hora en la nevera antes de continuar. Podemos incluso meterlo en el congelador unos 10 minutos.
7. Precalentamos el horno a 220ºC.
8. Una vez bien frío el hojaldre, cortamos el rollo en trozos de unos dos dedos de ancho.



9. Rociamos los moldes con spray desmoldante, introducimos un trozo de hojaldre en cada molde y, mojándonos los dedos con agua, aplastamos cada trozo de hojaldre dentro de su molde y lo manipulamos para adaptarlo a la forma del molde y pegarlo a sus paredes.



10. Añadimos las 5 yemas de huevo a la crema que habíamos preparado anteriormente y removemos bien para que se integren.


11. Rellenamos los moldes con la crema sin llegar a cubrir completamente la altura del hojaldre.


12. Bajamos la temperatura del horno a 200ºC e introducimos los moldes unos 20 minutos (o hasta que veamos que la crema adquiere un tono dorado y tostado)
13. Sacamos del horno y dejamos que se enfríen antes de desmoldar.

Warning: esconded uno para vosotros porque, la próxima vez que piséis la cocina, encontraréis la escena del crimen con los moldes vacíos, tu cari silbando fados hacia el techo, los niños mirando las paredes con interés, el perro rascándose la oreja y el gato lamiéndose los bigotes. ¡Avisados quedáis!





Han puesto su alma en estos maravillosos pasteles de Belem:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




