07:50, niños peleándose por entrar al baño. Abro los ojos. ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? ¿Qué día es hoy? ¿Trabajo? En caso afirmativo, ¿dónde? ¿Llego tarde? Uf, no, es sábado. Suspiro desgarrador. 07:52, niños gritándose a través de la puerta del baño. Cari, diles algo. ¿Cari…? Palpando cama, palpando cama… Recordatorio: cari está en viaje de trabajo. Otro suspiro desgarrador. Niña en MI CAMA a las 07:55 despotricando porque tiene que maquillarse y niño está en el baño. Niños empujándose en el pasillo a las 08:00. Niña maquillándose en el baño a las 08:05 con reguetón a todo volumen. Niño en MI CAMA a las 08:10 preguntando dónde están sus espinilleras para el fútbol. Niños peleándose en la cocina a las 08:15 porque creen que el otro se ha comido la mousse de limón que hicimos ayer para merendar. (La escondí para que no la vieran). Niña gritando “me voy, he quedado” a las 08:20. Portazo. Niño gritando “me voy, tengo partido” a las 08:25. Portazo.
Silencio absoluto.
Septiembre, primera semana tras la vuelta a clase. Tenía la vana esperanza de que los madrugones les pasaran factura y el sábado quisieran dormir. Qué ingenua era. Qué insensatez. A pesar de las ojeras, sonrío: estoy sola en casa. ¡Sola! Y voy a comportarme como la diva que soy cuando nadie me ve: me pongo mi kimono de satén de estampado floral y mis zapatillas de peluche con orejas de conejo, me arrastro a mi terraza de dos metros cuadrados, me tiro en la tumbona plegable a tomar el sol con sendas rodajas de pepino en los ojos, una mascarilla facial para disimular los estragos de los madrugones y, en la mano, una copa enorme de mousse de limón rica y fresquita. Sí, mousse de limón para desayunar, porque siempre me apetece en las mañanas soleadas y porque sus antioxidantes retrasarán el envejecimiento prematuro que mis niños me han provocado esta mañana. Pienso darme ese capricho y, a quien me diga algo, ¡le envío a mis niños a su casa el próximo fin de semana! ¡¿Entendido?!
Lista de la compra para nuestra mousse de limón:
- 250 g. de nata para montar con, al menos, 35% de materia grasa (que esté bien fría)
- 200 g. de leche condensada.
- 2 limones (o 3 si son pequeños)
- Barquillos para decorar.
Utensilios necesarios para nuestra mousse de limón:
- Rallador.
- Exprimidor.
- Bol.
- Varillas manuales.
- Varillas eléctricas.
- Espátula de silicona.
- Recipientes para nuestras mousses.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, rallamos los limones y reservamos la ralladura ya que la emplearemos más adelante como decoración final.
2. En segundo lugar, exprimimos los limones hasta obtener unos 70 ml de zumo.
3. A continuación, mezclamos la leche condensada con el zumo de limón y removemos. Veremos que la leche adquiere una consistencia algo más densa.




4. El siguiente paso consiste en montar la nata con las varillas eléctricas.
5. Posteriormente, incorporamos poco a poco la mezcla de leche condensada y limón sobre la nata montada. Mezclaremos con la espátula de silicona empleando movimientos suaves y envolventes para evitar que la nata baje. El resultado será una mezcla de consistencia esponjosa.






6. Para finalizar, vertemos la mousse en los recipientes donde la serviremos y decoramos con la ralladura de limón y unos barquillos.





09:00. Feliz simulando ser celebrity en sesión de spa con su copa de Daiquiri en la mano. Solo que el “Daiquiri” sabe a limón y está para chuparse los dedos. Aparto rodaja de pepino de un ojo. Gato me observa con interés desde terraza de enfrente. Cojo el móvil. Pose interesante, cabeza ladeada, mohín ingenuo, morros, pierna flexionada. Que se vea la segunda copa de mousse de la mañana. Selfie, selfie. Cambio perfil porque no sé cuál es el bueno, a mi edad los dos se han descolgado. Levanto copa de mousse, morros, sonrisa. ¿Se puede sonreír poniendo morros? Sí, pero el resultado es extraño. Da igual. Selfie, selfie. Enviar, Instagram, Toledo en Dulce. Recoloco rodaja de pepino sobre el ojo. Suspiro, satisfacción, modorra. Que nadie me busque. A menos que llegue el repartidor de Shein, hoy sólo pienso moverme para buscar más mousses.




Han puesto su alma en esta cremosísima y deliciosa mousse de limón:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




