Hoy, mis intrépidos reposteros ávidos de nuevos descubrimientos, os presentamos una antigua receta madrileña cuyo disfrute, seguramente por falta de publicidad, ha quedado relegado a la propia ciudad, e incluso a determinadas zonas de ésta. Un postre maravilloso que, por razones indeterminadas, ha permanecido a la sombra durante siglos, disponible sólo para el disfrute de unos pocos afortunados que supieron de su existencia. Hablamos de los merlitones, un dulce de origen francés cuya receta comenzó a transmitirse de forma oral en los conventos madrileños, consistente en una cazoleta de hojaldre o masa quebrada rellena de una masa a base de huevo, mantequilla, almendra y azúcar. Debido a su falta de difusión, sólo podréis adquirirlos en pastelerías muy selectas de Madrid que gustan de mantener vivas las tradiciones reposteras locales.
Os avisamos: los merlitones nos brindan una doble amenaza. La primera es su textura crujiente por fuera e increíblemente jugosa por dentro que los transforma en una bomba de destrucción masiva de dietas. La segunda amenaza es su tamaño, similar a una marquesita, de las que también os advertimos en su momento: son parecidos a magdalenas pero más pequeños, lo que, por algún motivo, nos confiere permiso para comer dos, o incluso tres, sin que el remordimiento haga acto de presencia porque equivalen a una sola magdalena, y todos sabemos que las magdalenas son la unidad de medida universal. Esta curiosa característica hace que nos otorguemos licencia para un cuarto o hasta un quinto merlitón, pero en el quinto paramos: lo importante es no llegar al punto de sentir que hemos ingerido lo equivalente a dos magdalenas, porque una magdalena está bien, pero dos magdalenas es glotonería y engorda.
Llegados al quinto merlitón, que nos ha sabido a poco, somos conscientes de que sólo hemos horneado doce, momento en que nuestro cerebro cambia a “modo pipas”: comer hasta acabar porque no los vamos a dejar. La medición tipo magdalena abandona la estancia de puntillas por la puerta de atrás. Ya nada importa más que acabar. Por este motivo es sumamente importante que nunca horneéis merlitones sin la presencia de algún familiar o amigo que sepáis que luchará encarnizadamente por obtener su ración de merlitones. Ese cuñado goloso que siempre coge el último pastel de la bandeja, por ejemplo. Esa prima que, en lugar de dejar que se acaben las mininapolitanas, se envuelve tres o cuatro en una servilleta para el camino de regreso en coche. Sin alguien que imponga límites a nuestra ambición tragona, estamos acabados, mis intrépidos reposteros. Y nuestra dieta, totalmente destruida. Avisados quedáis.
Lista de la compra para nuestros merlitones (unas 12 unidades):
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1 lámina de masa quebrada.
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4 huevos.
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150 g. de almendra molida.
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80 g. de azúcar.
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50 g. de mantequilla.
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20 g. de harina de trigo.
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1 cucharadita de esencia de vainilla.
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Azúcar glas para decorar.
Utensilios utilizados para elaborar nuestros merlitones:
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Bol.
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Tamizador.
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Varillas eléctricas.
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Espátula de silicona.
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Cortador.
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Rodillo.
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Molde para magdalenas.
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Spray desmoldante.
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Rejilla enfriadora.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, tamizamos la harina y añadimos la almendra molida. Reservamos.
2. En segundo lugar, echamos en un bol los 4 huevos y el azúcar y batimos hasta que la mezcla blanquee.




3. A continuación, agregamos la mezcla de harina y almendra poco a poco y mezclamos con la espátula de silicona empleando movimientos suaves y envolventes para no perder el aire de la mezcla.
4. Seguidamente, añadimos la esencia de vainilla y la mantequilla derretida y seguimos mezclando con movimientos envolventes hasta homogeneizar. Reservamos.



5. Para continuar, estiramos la masa quebrada con un rodillo y cortamos porciones circulares empleando un cuchillo y un recipiente con forma redonda (por ejemplo, un vaso)
6. Finalmente, rociamos con spray desmoldante los moldes que vayamos a emplear. Introducimos las porciones de masa quebrada en los moldes dando forma con los dedos y rellenamos con la mezcla de almendras poniendo cuidado en no llegar hasta la zona superior (debemos dejar, aproximadamente, un dedo de distancia entre la mezcla de almendras y el borde superior de la masa quebrada)







7. Para acabar, llevamos el molde al horno precalentado a 180ºC y horneamos durante 25 minutos. No debemos exceder el tiempo de horneado o la mezcla interior quedará seca en lugar de jugosa.
8. Una vez horneados, espolvoreamos la zona superior con azúcar glas, desmoldamos y dejamos enfriar sobre la rejilla. ¡Ya tenemos listos nuestros deliciosos merlitones para zampar sin parar! Que digo… ¡para comer en compañía!




Como veis, se trata de una receta sencilla que, con su toque crujiente exterior y su jugosa textura interior, hará las delicias de todo aquel que vaya a vuestras casas a tomar café o a merendar.
¡Tú, aparta la mano del merlitone, que te veo!
Una receta con la que conquistaréis a esos amigos que hace tiempo que no veis o a esos familiares que se pasan a saludar de improviso. Todos tenemos los ingredientes en casa y en sólo una hora podemos tener listos nuestros riquísimos merlitones.
¡Que apartes la mano, rediós!
Coged el móvil. Haced una foto a los merlitones. Ahora desde el otro ángulo. Ahora de cerca. De lejos. Foto, foto. Tomad la bandeja y sonreíd. Selfie, selfie. ¿Salís guapos? Estáis perfectos, enviádnoslas.
Ahora sí. Tomad un merlitone. Tú, el de la mano, no titubees, tienes permiso para acercarte. ¡Cógelo ya, hombreee! Aspirad su rico aroma a almendras, explorad su apetecible textura. Comed. Saboread. Disfrutad. Demasiado placer para un bocado tan pequeño, ¿verdad? A eso me refería. En este momento, los invitados dejan de ser vuestros comensales para empezar a ser adversarios. Os miráis unos a otros estudiándoos, calculando vuestras posibilidades. Cuanto más os demoréis, menos merlitones comeréis. El momento ha llegado, es ahora o nunca. ¡Lanzaos sobre la bandeja sin contemplaciones! ¡Es la guerraaa! ¡Ñam, ñam, ñam!







Han puesto su alma en estos crujientes, jugosos y deliciosos merlitones:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




