Mis pequeños diablillos pasteleros, hoy es vuestro bautismo de oro. La EBAU de la repostería. ¡El Gaokao de la pastelería!¡¡Vamos a elaborar una masa de hojaldre!!
…
¡¡AAaaaAAAGGggGGG!!
…
GGGggGGG… Glub glub glub…
…
¿Y esos ruidos que hacéis? No hiperventiléis, mis jóvenes padawanes chocolateros. Hoy vais a completar vuestra primera prueba Jedi y estáis preparados. Nacisteis preparados. Habéis sufrido, habéis prosperado y habéis sentido el poder de La Fuerza Pastelera. Una vez que seáis capaces de elaborar vuestra primera masa de hojaldre, ¡el mundo entero se postrará a vuestros pies! Nunca más existirá secreto o astucia pastelera que escape a vuestro conocimiento. ¡Hoy os vais a convertir en mis pequeños maestros reposteros!
¡Pero qué orgullosa estoy de vosotros, leñe! Bb… Bbb… ¡Buuaahh…! Snif, snif… Mocos, cleenex, hipo. Sonrisa lacrimosa.
Bien, superado este pequeño éxtasis de exageración con el propósito de crear un bonito clímax dramático, os diré que no debéis tener miedo a las masas de hojaldre. Sólo hay que tener paciencia y respetar todos sus tiempos de reposo pero, si seguís los pasos escrupulosamente, nada puede salir mal, creedme.
¡Al lío!
¿…? ¿Qué hacéis?
¡Pero no huyáis!
¡¡Cobardes!!
Lista de la compra para nuestra masa de hojaldre:
Para elaborar la masa necesitaremos:
- 375 g. de harina de fuerza
- de azúcar
- 200 ml. de agua
- 40 g. de mantequilla
- de levadura fresca
- 7 g. de sal
Para hojaldrar necesitaremos:
- 220g. de mantequilla
Necesitarás los siguientes utensilios:
- Bol.
- Jarra medidora.
- Cuchara de madera.
- Papel vegetal.
- Cuchillo.
- Rodillo.
- Bandeja de horno.
- Cortador.

¡Manos a la obra!
1. Ponemos en un cuenco la harina, el azúcar, la sal en un extremo y la levadura (desmenuzándola muy bien) en el otro. Es importante añadirlos en extremos opuestos para que no se mezclen.


2. Desmenuzada la levadura, la mezclamos con la harina y el azúcar para integrarla bien, poniendo cuidado en no tocar el extremo donde hemos puesto la sal.
3. Agregamos el agua y mezclamos todo con una cuchara formando una masa.
4. Por último, añadimos a la masa los 40 g. de mantequilla poco a poco, en trocitos. Removemos hasta integrarla por completo y colocamos la masa en nuestra superficie de trabajo.




5. Para poder trabajar esta masa, es recomendable enharinar bien la superficie de trabajo así como nuestras manos. Lo haremos tantas veces como sea necesario. Amasamos la masa unos minutos con las manos, le damos forma de bola y, con un cuchillo, hacemos un corte en forma de cruz bien pronunciada. La envolvemos con papel film y metemos en la nevera durante 4 horas (como mínimo) para que el gluten se asiente. También introducimos la mantequilla para que se mantenga dura.



6. Transcurrido este tiempo de reposo, estiramos cada uno de los cuartos con el rodillo desde el centro hacia el extremo de manera que, al final, nos quede la masa con forma de flor de cuatro pétalos. El grosor de la masa será de unos 2 cm aproximadamente.
7. Extraemos la mantequilla de la nevera y la colocamos en el centro de la flor. Plegamos cada uno de los pétalos sobre la mantequilla. Primero plegaremos dos pétalos opuestos entre sí y después los otros dos pétalos, de forma que al final nos quede un paquete cuadrado completamente cerrado con la mantequilla en su interior. Esto es importante para que, al amasar nuevamente, la mantequilla no pueda salir por los extremos.
Aviso a navegantes reposteros: por supuesto, la mantequilla se os saldrá por los extremos. No os preocupéis, hay que cogerle el truco. A nosotros nos salió al tercer intento. Cuando veáis que se sale la mantequilla, sólo tenéis que introducir la masa en la nevera 30 minutos para que se endurezca antes de seguir trabajando.





8. Una vez que tenemos nuestro paquetito cuadrado con la mantequilla en su interior, amasaremos con el rodillo siempre en el mismo sentido, arriba y abajo, para que la mantequilla se integre. Como he dicho antes, si vemos que la mantequilla sale por los extremos, introducimos la masa en la nevera un rato
9. Cuando la masa tenga forma de rectángulo con 2 cm de grosor, la plegaremos sobre sí misma en tres partes, como si quisiéramos darle forma de sobre. La envolvemos en papel film y la metemos 30 minutos en la nevera.




10. Cuando transcurran los 30 minutos, sacamos la masa de la nevera, volvemos a enharinar la superficie y amasamos de nuevo con el rodillo, colocando la masa en perpendicular a nosotros (es decir, la giramos 90 grados con respecto a la posición en la que estaba al principio). Recordad que el amasado debe ser siempre en el mismo sentido, arriba y abajo. Cuando tengamos un grosor de 2 cm, volvemos a plegar en tres partes, cubrimos con papel film e introducimos en la nevera otros 30 minutos. Sí, hay que tener muuucha paciencia, pero es importante respetar escrupulosamente los tiempos de reposo para que se asiente el gluten.



11. Repetiremos un mínimo de 3 veces este plegado, cuidando cada vez los tiempos de reposo en la nevera. Los que hoy os sintáis especialmente hacendosos, podéis repetir el plegado hasta 6 veces y conseguiréis una masa de hojaldre espectacular.
12. Cuando hayamos llevado a cabo todos los plegados de la masa, podremos congelarla para futuras recetas o bien usarla de inmediato, como vamos a hacer nosotros.



13. Con la masa de un grosor de unos 2 cm, cortaremos porciones del tamaño aproximado de una galleta María. Las depositamos en la bandeja e introducimos en el horno unos 20 minutos a 180º.
Y al fin, transcurrido este tiempo…
¡¡TACHÁÁÁNNN!!
Tenemos los pastelitos de hojaldre más sabrosos del mundo y la gloria pastelera que otorga el poder afirmar con rotundidad ante vecinos, cuñados y compañeros de trabajo que nosotros… (rrrrredoble de tambores…) ¡hacemos nuestra propia masa de hojaldre en casa! (Emoji de flamenca, emoji de flamenca, emoji de flamenca).




No, ya nunca nadie os mirará con los mismos ojos de antes. A partir de ahora, notaréis las miradas de admiración a vuestro paso pastelero. Hay experiencias que cambian a las personas, y ésta es una de ellas. Como dicen los sabios, en esta vida hay que encontrar el momento para plantar un árbol, criar un hijo, escribir un libro y crear una masa de hojaldre.
(Perdón… ¿qué? ¿Qué no es exactamente así? Claro, porque el que lo inventó no era repostero).
Pues lo dicho: plantar un árbol se hace con una pala, escribir un libro requiere maestría y no podemos decirte cómo criar a uno de esos niños, pero esperamos poder ver las fotos de esos pastelitos de hojaldre taaaan ricos que acabáis de elaborar con vuestras propias manos de principio a fin. ¡Disfrutadlos!



Han puesto su alma en estos deliciosos pastelitos de hojaldre:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




