Hola de nuevo, mis intrépidos reposteros. Hoy es un día insigne para todos nosotros. Una fecha para marcar en el calendario con números grandes y rojos. Se ha hecho de rogar, como buena celebrity. No se ha dignado implorarnos para que hablemos de él porque no lo necesita. Él es, al mundo repostero, lo que Paul Newman al mundo del celuloide: puede que no salga todos los días en nuestras pantallas pero, cuando lo hace, todos nos quitamos el sombrero ante su magnetismo. El dulce del que hoy os vamos a hablar se ganó hace mucho tiempo el derecho a estar en el podio de los dulces con más solera del universo repostero, y piensa seguir encabezando ese podio muchos años más. Se trata, cómo no, del croissant.

Hagamos la prueba: pensad en una gran estrella del cine comiendo un bollo en una de las grandes películas de la historia. ¿Cuál es la primera imagen que os viene a la cabeza? Exacto: el 60 % de vosotros está pensando en Audrey Hepburn con su vestido negro, sus gafas de sol y su collar de perlas comiendo un croissant frente al escaparate de Tiffany’s en Desayuno con diamantes mientras, de fondo, suena la melodía de Moon River. Otro 35% de vosotros acaba de darse un cachete en la frente diciendo: “¡es verdad! ¿Será posible que no me haya acordado?”. Y luego queda ese 5% que está pensando: “tengo que ver Desayuno con diamantes de una vez”. Pues sí, tenéis que verla, ya os vale.

Cacao

Efectivamente, mis queridos reposteros: ya tocaba hablar del croissant, ese dulce que forma parte de las vidas de todos nosotros sin aspavientos pero con elegancia, con el aplomo del que se sabe irreemplazable. Se trata del tipo de bollo más consumido a nivel mundial y, ¿sabéis por qué? Pues porque es perfecto: es crujiente, dulce pero no pesado, impecable para consumir acompañado de mantequilla, chocolate o mermelada pero también con fiambres, ensaladas o quesos. Y por eso, ninguno de nosotros puede imaginarse un desayuno en su cafetería favorita sin su cruasán a la plancha o tostadito, partido por la mitad y acompañado al gusto de cada cual. No hay que resistirse a sus encantos: el cruasán vino para conquistar, y vaya si lo hizo. Pero, ¿de dónde vino el croissant? ¿Cuál es su historia? Seguid leyendo y lo descubriréis.

La palabra original croissant, de la que procede el vocablo castellano cruasán, significa en francés ‘creciente’ debido a la forma de media luna del bollo.

Existen varias leyendas que tratan de explicar los orígenes del cruasán. La más extendida se remonta a finales del XVII, cuando el gran visir del imperio otomano Kara Mustafá trataba de conquistar Europa Central. En 1683, su ejército sitió la ciudad de Viena con intención de asaltarla a lo largo de la noche pero cuentan que los panaderos vieneses, que ya habían empezado a trabajar para elaborar el pan, escucharon los ruidos en las murallas de la ciudad y dieron la señal de alarma. Gracias a ello, fueron las tropas vienesas las que pillaron por sorpresa al ejército turco, obligándoles a abandonar el país con la ayuda del ejército polaco. Dicen que el emperador austriaco Leopoldo I condecoró a los panaderos para premiar su ayuda y éstos lo celebraron elaborando unos pastelitos en forma de media luna, en referencia a la media luna de la bandera otomana.

Cacao sólido en bloque y polvo
Elaboración de bombones de chocolate

Existe otra leyenda que se sitúa en el mismo escenario pero que atribuye la victoria vienesa a un noble polaco asentado en Viena llamado Franz Georg Kolschitzky, que a día de hoy es considerado un héroe y tiene su propio monumento en la ciudad de Viena, en la calle que lleva su nombre.

Cuentan que, durante el asedio a Viena en 1683, cuando la ciudad estaba a punto de rendirse, Kolschitzky atravesó las líneas enemigas otomanas para reunirse con Carlos V, quien le informó de la inminente llegada del ejército polaco. Kolschitzky regresó a Viena atravesando nuevamente las líneas otomanas para transmitir la noticia e impedir la rendición. Pocos días después llegarían las tropas lideradas por el rey polaco y el ejército otomano se vio obligado a retirarse dejando tras de sí una ingente cantidad de granos de color oscuro que los vieneses no conocían. Kolschitzky había visto a los turcos prepararse infusiones tostando y moliendo esos granos, y es por ello que se le atribuye la apertura de la primera cafetería en Viena donde, además de café, servía unos bollos en forma de media luna llamados kipferl, precursores del actual croissant.

Más tarde, en el s. XIX, los kipferl llegarían a Francia gracias a August Zang, un soldado y empresario austriaco que fundó su negocio panadero en París hacia 1838. Muy pronto, sus kipferl se transformaron en un éxito de ventas y una gran multitud de panaderías parisinas comenzaron a imitarlos, apareciendo por primera vez la palabra croissant para referirse a ellos en la segunda mitad del siglo. Sin embargo, no fue hasta comienzos del s. XX que se elaboró la primera receta del cruasán hojaldrado tal como lo conocemos en la actualidad. Hoy día, su fama se extiende a lo largo y ancho del planeta e incluso tiene su propia efeméride: el 30 de enero es el Día Internacional del Croissant.

– Entonces, ¿cuál de las dos leyendas es la correcta? – os preguntaréis -. ¿La que menciona a los panaderos vieneses o la que atribuye la victoria a Kolschitzky?

Cacao sólido en bloque y polvo
Cacao sólido en bloque y polvo

Pues seguramente ninguna, pero lo habéis pasado bien leyéndolas y habéis aprendido que el origen del croissant no está en Francia, como todos creíamos, sino en Austria, aunque es justo reconocer que degustar un croissant en una pastelería parisina puede convertirse en una apoteosis de los sentidos que relegue a todos los demás cruasanes de nuestra vida a un estado de amnesia selectiva.

Y ahora, ¿qué? Pues tenemos tres opciones:

  • Opción A: reservamos vuelo a Nueva York, nos ponemos nuestro vestido negro y nuestro collar de perlas y emulamos a Audrey comiendo un croissant en The Blue Box Café, la cafetería que Tiffany’s abrió en 2016 en su mítica tienda de la Quinta Avenida.
  • Opción B: reservamos vuelo a París y nos ponemos morados a cruasanes cual Lily Collins en Emily en París.
  • Opción C: nos ponemos el delantal, preparamos unos cruasanes deliciosos, aromáticos y crujientes y nos los comemos viendo Desayuno con diamantes sin collar de perlas pero en pijama. ¿Es ésta vuestra opción? ¡Pues arremangaos, que empieza el espectáculo!
Bizcocho blanco bañado en chocolate
Bizcocho blanco bañado en chocolate

Y los que os hayáis decidido por las opciones A y B, ¡no dudéis en contarnos vuestra experiencia! Estamos deseando saber dónde habéis comido los cruasanes más deliciosos y espectaculares que hayáis probado jamás. ¡No escatiméis detalles!

Receta de Croissants.

¿Preparados para pasar lista? Veamooss… sí, me faltan dos golosones que se han marchado a París a por sus cruasanes para el desayuno y otra golosona que ha preferido enfundarse el vestido negro y viajar a Nueva York para emular a Audrey en Desayuno con diamantes. ¡Ah, no! ¡La del vestido está aquí! ¿Cómo? Que vas a preparar cruasanes vestida como Audrey… ¡Qué buena idea! ¡Yo también voy a por mi collar de perlas!

¿Y esos dos que llegan corriendo? Que no estabais en París, que solo habíais ido al retrete… Me parece estupendo, no tiene tanto magnetismo como París pero es igual de necesario visitarlo. Entonces… ¿estamos todos? ¿Sí?

¡Yuju! ¡Sabía que no me fallaríais, mis intrépidos reposteros!

No os arrepentiréis, vamos a preparar los cruasanes más riquísimos, crujientes y sabrosos que hayáis probado en la vida. ¡Seguidme, que nos vamos al super!

Lista de la compra:

  • Una lámina de hojaldre (mejor refrigerada que congelada: son más caras, pero de mejor calidad)
  • 100 g. de mantequilla (es preferible a la margarina puesto que tiene mayor contenido graso y el sabor será mucho más intenso)
  • Unas cucharadas de azúcar.
  • Un huevo para pintar los cruasanes antes de hornearlos.
  • Aquellos golosones que prefiráis elaborar cruasanes rellenos de Nocilla o mermelada (o las dos cosas, para no tener que elegir) tendréis que sustituir la mantequilla y el azúcar por un tarro de Nocilla o uno de mermelada.

    Utensilios utilizados:

    • Pincel de silicona.
    • Papel vegetal.
    • Bandeja de horno.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Ingredientes.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Ingredientes.

    ¡Manos a la obra!

    1. Precalentamos el horno a 200ºC.

    2. Derretimos la mantequilla en el microondas durante unos segundos (con cuidado para no excedernos en el tiempo: no queremos quemarla)

    3. Batimos el huevo y lo reservamos en un cuenco.

    4. Extendemos la lámina de hojaldre refrigerada sobre una superficie enharinada y la cortamos en forma de triángulos alargados. La base del triángulo será igual a la longitud de los cruasanes una vez enrollados, por lo que tendréis que cortar triángulos con bases más grandes si queréis cruasanes más grandes y bases más pequeñas si los queréis más pequeños.

    5. Sin separar los triángulos, pintamos el hojaldre con mantequilla con ayuda de una brocha y espolvoreamos con azúcar. 

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 2.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 4.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 3.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 5.

    Si, en lugar de preparar cruasanes con mantequilla y azúcar, preferimos rellenarlos de Nocilla o mermelada, colocamos una cucharada de Nocilla o bien de mermelada cerca de la base del triángulo. En este caso, haremos un pequeño corte en la parte central de la base para separar los dos lados al enrollar y cubrir bien la cucharada de Nocilla o de mermelada. Nosotros vamos a preparar una bandeja de cada tipo, para que podáis realizar cualquiera de las dos versiones:

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 2.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 3.

    6. Enrollamos los triángulos empezando por la base para que la zona de la punta quede en la superficie. Debemos poner cuidado para no aplastar la lámina de hojaldre con el fin de que el cruasán, una vez enrollado, quede más flojito que compacto. Si hemos rellenado nuestros cruasanes con mermelada o Nocilla es importante cerrar bien los bordes del cruasán porque, al hornear, podrían quedar en estado líquido y salirse por los bordes que no estén bien cerrados

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 6.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 10.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 11.

    7. Una vez enrollados, pintamos la superficie de los cruasanes con huevo y los colocamos sobre papel de hornear en la bandeja del horno.

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 10.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 10.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 11.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 11.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 12.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 13.

    8. Horneamos unos 10 – 15 minutos, hasta que veamos que la superficie está doradita.

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 16.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 17.

    Y por último, ¡nos zampamos enseguida nuestros cruasanes para comerlos calentitos y crujientes! ¡Con cuidado, no os queméis la lengua! ¡Que nos conocemos!

    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 22.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 23.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 18.
    Receta de Tarta de Zanahoria. Imagen 19.

    Han puesto su alma en estos deliciosos croissants:

    Lourdes Fernández

    Lourdes Fernández

    Nuestra Guerrillera de los Fogones

    Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

    Ana Sanz

    Ana Sanz

    La Ilustre Gacetillera

    Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.

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