Mis intrépidos reposteros, hoy traemos una receta básica y necesaria pero, al mismo tiempo, seductora, feliz y golosona. Lo confieso: tengo adicción a la crema pastelera. Para mí, cualquier dulce eleva exponencialmente su índice de apetitosidad tan solo añadiendo un poco de crema pastelera. Detecto el aroma de la crema y mi visión activa el modo túnel: sólo tengo ojos para ella. ¿Se acerca la familia real en una carroza dorada tirada por caballos blancos con alas? No la veo, estoy mirando la crema pastelera. ¿Se acercan los chicos de BTS llevando a cabo una coreografía celestial encaramados sobre un escenario que levita sobre nuestras cabezas? No los detecto: estoy pendiente de la crema pastelera. ¿Que un ovni se detiene encima de mí y lanza su chorro de luz para intentar abducirme? Me agarro con uñas y dientes para no marcharme sin mi crema.
¿Quién no ha soñado alguna vez con bañarse en un río de crema pastelera? ¿Quién no ha querido lanzarse por una cascada de crema pastelera, caer a un lago de crema pastelera y chapotear como un lunático embadurnado en crema pastelera? Tengo un sueño recurrente. Sueño que subo por una escalera infinita hasta tocar las nubes con las puntas de los dedos y darme cuenta de que están hechas de crema. Sueño que salto sobre las nubes y chapoteo feliz, mis manos rebosantes de crema que llevo a mi boca. A veces sueño que zampo y zampo crema pastelera hasta rebosar, y que las nubes empiezan a deshacerse lloviendo gotas de crema. Sueño que la crema lo impregna todo. Los tejados de las casas, los jardines, los perros que corretean por la calle. Y sueño que la gente sale de sus casas con las manos abiertas hacia el cielo, tratando de coger la crema pastelera que llueve. Todos son felices, comparten crema con vecinos, con amigos, con desconocidos, juegan al corro de la patata alrededor de un árbol, cogidos de la mano mientras abren la boca hacia el cielo para atrapar las gotas de crema pastelera. Y las guerras se acaban porque se dan cuenta de que hay crema pastelera suficiente para compartir con todo el mundo en todos los países del planeta. Sí, queridos amigos reposteros: la crema pastelera sería capaz de unir lo que nadie más ha podido.
Chsss. ¡Chsss! ¡Eh! Aquí. Sí, aquí. Volved. Hay que ver lo que desvariáis con sólo escuchar las palabras crema pastelera. Pero, ¿cómo que he sido yo? ¡Seréis descarados! ¡Centrémonos en la vida, caray! Olvidemos el poder onírico de la crema pastelera y charlemos del aspecto puramente repostero. Efectivamente, multitud de recetas se sirven de la crema pastelera para conseguir un sabor más dulce y una textura más jugosa y apetitosa. Elaborar una buena crema pastelera es un arte que aportará a vuestros dulces un toque espectacular, y hoy os traemos una receta que nunca os va a fallar. ¿Queréis aprender a preparar una crema pastelera exquisita? Poneos vuestros delantales. ¡Vamos al súper!
Lista de la compra para nuestra crema pastelera:
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150 g. de azúcar.
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120 g. de maicena.
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1 litro de leche.
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5 yemas de huevo.
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40 g. de mantequilla.
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1 cucharadita de esencia de vainilla.
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Una rama de canela.
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La piel de un limón (procurando cortar sólo la parte amarilla, ya que la parte blanca aportaría amargor)
Utensilios utilizados para elaborar nuestra crema pastelera:
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Un cazo.
- Cuchara de madera.
- Varillas manuales.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, apartamos 100 ml. de leche y reservamos. El resto de la leche (900 ml.) la ponemos en un cazo junto a la rama de canela y la piel del limón. Hacemos infusionar calentando a fuego medio – bajo mientras removemos constantemente durante 10 minutos. No debemos dejar que hierva. Transcurridos los 10 minutos, apagamos el fuego y tapamos el cazo para que la leche absorba el sabor de la canela y el limón.





2. En segundo lugar, ponemos en un bol la maicena y el azúcar y mezclamos con las varillas. Añadimos los 100 ml. de leche que habíamos reservado, las cinco yemas, la cucharadita de esencia de vainilla y mezclamos hasta homogeneizar.






3. A continuación, añadimos la leche que hemos infusionado con la canela y el limón. La vertemos empleando un colador para evitar que caigan restos de la piel del limón o la rama de canela. Mezclamos hasta integrarla por completo.
4. Seguidamente, ponemos la mezcla en un cazo haciéndola pasar por un colador y calentamos a fuego medio. Removemos constantemente mientras va espesando.




5. Cuando la mezcla haya espesado, apagamos el fuego, añadimos la mantequilla y removemos hasta integrar por completo.
6. Una vez integrada la mantequilla, pasamos la crema a un bol, lo tapamos a piel con papel film y la llevamos a la nevera. Cuando haya enfriado bien, tendremos la crema preparada para usarla en la receta que estemos preparando. ¡O para comerla a lametones hasta que no quede rastro!



Olfatead su delicioso aroma. Ese toque a canela, a vainilla y a limón… Mmmmm… Admirad la seductora cremosidad…
¡Apartad esas manos, maleantes!
Imaginad la maravillosa jugosidad y el dulzor que aportará a vuestros postres… Huummm…
¡Restringid esas miradas codiciosas, que os veo!
Admirad… Eeeh… Admirad… ¡Al cuerno ya! ¡Tanto sufrimiento! ¡Agarrad las cucharas! ¡Hincaaad! ¡¡Tragaaaad!! ¡Hincaaad! ¡¡Tragaaaad!! Pero, ¿qué…? ¡¡Paraaad!! ¡Que no hemos hecho la foto para Toledo en Dulce! ¡Diosito de los fogones, no habéis dejado nada! Mecachiiiisss… ahora hay que preparar más… Qué disgusto más grandeeee… (Sonrisa de Mona Lisa).
Mmmuuaaa, ja, ja, ja…





Han puesto su alma en esta exquisita crema pastelera:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




