Mis intrépidos reposteros, efectivamente: la vida es una sucesión de mofas del señor Murphy, el tocapelotas ése de las leyes. ¿Llega la Semana Santa y os apetece viajar? ¡Yuhu! ¡Al fin disfrutaremos del anhelado fin de semana en Madrid! El Prado, una ruta de compras por Sol, un vinito en el Barrio de las Letras, un paseo por el Retiro… Pues no, porque entonces Murphy pone en marcha su maquinaria pesada: el coche os deja tirados y la broma os cuesta 600€, la ortodoncia de la niña ya no espera más y el oftalmólogo le pone la guinda al pastel: hay que ponerle gafas al niño. El cabrito de Murphy revolcándose de la risa en su sillón.
No os preocupéis, mis cenizos reposteros: si vosotros no podéis ir a Madrid, ¡nosotros llevaremos Madrid a vuestra cocina! Hoy vamos a elaborar un dulce divertido, delicioso y muy, muy madrileño. Tan madrileño como el chotis, los bocadillos de calamares, las aglomeraciones de Cortylandia o las colas para adquirir tu décimo de Navidad en Doña Manolita. Disfrazaos de chulapos y chulapas, buscad La verbena de la Paloma en Spotify, subid el volumen y acompañadnos en la elaboración de estos bartolillos madrileños que nos hará perder el norte. ¡Arriba esos rodillos! ¡Arreadle a Murphy en el cogote!
Lista de la compra para nuestros bartolillos madrileños:
Para elaborar la crema de relleno necesitamos:
- 250 ml. de leche.
- 65 g. de azúcar.
- 25 g. de harina de maíz.
- 1 huevo.
- 1 rama de canela.
- La piel de medio limón.
- La piel de media naranja.
- Una pizca de sal.
Para elaborar la masa de los bartolillos madrileños necesitamos:
- 300 g. de harina de trigo.
- 100 ml. de vino blanco.
- 75 g. de aceite de oliva virgen extra (la receta original se elabora con manteca de cerdo pero nosotros lo hemos sustituido por aceite de oliva ya que es más fácil de trabajar y es una grasa más sana. Lo vamos a infusionar con naranja, canela y limón para obtener el máximo sabor de nuestros bartolillos)
- 30 g. de azúcar.
- 5 g. de sal.
- La piel de media naranja.
- La piel de medio limón.
- 1 rama de canela.


¡Manos a la obra!
1. En primer lugar elaboramos la crema: ponemos en un cazo la leche, el azúcar, la sal, las ralladuras de piel de limón y naranja y la rama de canela. Calentamos a fuego medio y removemos hasta que le mezcla esté a punto de hervir. Antes de que llegue a hervir, apagamos el fuego y tapamos el cazo para que la mezcla infusione al menos 10 minutos.
2. Batimos el huevo en un bol, agregamos la harina de maíz y removemos bien para integrarlo por completo y sin grumos.
3. Colamos la leche para retirar la canela y las pieles de limón y naranja. La vertemos poco a poco sobre la mezcla de huevo y maíz removiendo constantemente.
4. Cuando hayamos mezclado por completo la leche con el huevo, llevamos la mezcla a un cazo y calentamos a fuego medio-alto sin dejar de remover hasta que la crema hierva y se espese







5. Vertemos la crema en un bol y tapamos con papel film. Dejamos a temperatura ambiente hasta que se enfríe y, después, refrigeramos en la nevera al menos dos horas.
6. A continuación, elaboramos la masa para los bartolillos: ponemos en un cazo el aceite de oliva, las ralladuras de limón y naranja y la rama de canela. Calentamos a fuego medio-alto hasta que veamos aparecer pequeñas burbujitas junto a las ralladuras de limón y naranja. Cuando esto ocurra, apagamos el fuego y dejamos que se enfríe.
7. Cuando se haya enfriado por completo, colamos el aceite para retirar las ralladuras y la canela.
8. Vertemos en un bol la harina de trigo, el azúcar y la sal. Mezclamos.
9. Añadimos el vino blanco y el aceite y amasamos.






10. Cuando la mezcla se haya transformado en una masa suficientemente densa, la colocamos sobre una superficie y amasamos con las manos hasta que observemos que la masa no se pega a la superficie. En este momento, le damos forma de barra de pan o cilindro y dejamos reposar 15 minutos.
11. Transcurridos los 15 minutos, cortamos en láminas de 1 cm de grosor aproximadamente.
12. Enharinamos la superficie en la que vamos a trabajar, el rodillo y nuestras manos para alisar cada porción de la masa. Debemos procurar que el grosor final de cada porción sea lo más fino posible.
13. Cuando lo hayamos alisado, ponemos una cucharada de crema y cerramos el bartolillo para darle forma de empanadilla. Con el fin de que los bordes de la masa se peguen mejor entre sí, podemos humedecerlos con agua. Una vez pegados, recortamos los bordes para conferirle al bartolillo una forma triangular.







14. Cuando hayamos preparado todos los bartolillos madrileños, ponemos aceite de oliva en un cazo y calentamos a fuego medio-alto. Cuando el aceite esté caliente, freímos los bartolillos mientras removemos para que adquieran un tono dorado por todas partes. Colocamos los que vayan acabando sobre un papel absorbente para que escurran bien.
15. Una vez fritos, los espolvoreamos con azúcar glas y… ¡listos para devorar!


Lo sé: los bartolillos madrileños no son tan conocidos como los churros con azúcar, los barquillos o las rosquillas de san Isidro pero, si nunca los habéis probado, os prometemos que os sorprenderán gratamente. Recién hechos y calentitos, la cobertura es crujiente y la mezcla con la crema en la boca es, sencillamente, de escándalo. ¡Pecaminosa! ¡¡Obscenamente deliciosa!! ¡¡Pecad, reposteros míos!! ¡¡Pecad!!
¡Y enviadnos vuestras fotos para pecar todos juntos en la mejor compañía!



Han puesto su alma en estos deliciosos y pecaminosos bartolillos madrileños:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




