Mis intrépidos reposteros, hoy vengo a hablaros de un alimento que no puede considerarse un postre pero nos hace tan felices como si lo fuera. Un alimento que forma parte de la base de la pirámide alimenticia porque nos aporta todo tipo de nutrientes esenciales. El único alimento que comemos varias veces al día y del que nunca, pero nunca, nos podríamos llegar a cansar. Seguro que lo habéis adivinado: hoy vengo a hablaros del pan.
Si nacisteis en los 70 u 80, o incluso en los 90, antes de que llegaran a nuestras vidas de forma masiva los donuts, el pan de molde o los brioches con pepitas de chocolate, seguro que recordáis aquellas meriendas que nos zampábamos en la calle jugando con los amigos, los hermanos, los primos o los vecinos. Todos llevábamos lo mismo en las manos: un bocadillo de chorizo, de queso o, incluso, los más afortunados, de Nocilla o chocolate. Recordad cómo nos preguntábamos unos a otros de qué era nuestro bocata esa tarde, cómo abríamos el bocadillo para enseñar nuestras rodajas de chorizo o salchichón y qué ricas nos sabían esas meriendas jugando en la calle.
Los fines de semana por la mañana estábamos deseando que nuestros padres nos enviaran a comprar el pan. Volvíamos de la panadería de la esquina olfateando ese aroma exquisito a barra de pan calentita, recién horneada. Aún no habíamos cruzado el umbral de la puerta y ya estábamos pidiendo que nos dejaran comernos ‘el piquito de la barra, anda, porfa, sólo el piquito’. Cuando, finalmente, hartas de escucharnos, nuestras madres cortaban un trozo de pan y nos lo daban, corríamos con nuestro pico de pan en las manos y nos parecía el manjar más exquisito del mundo. Crujiente por fuera, de miga esponjosa y blandita por dentro y, si teníamos suerte, incluso lo comíamos todavía caliente. Parece que hasta los recuerdos de infancia son mejores si el pan forma parte de ellos, ¿verdad?
Pero no sólo los recuerdos de infancia. Algunos de los mejores recuerdos con amigos, para los que formamos parte de estas generaciones, las que no hemos consumido muchas hamburguesas, son los recuerdos de esas cervezas o refrescos en cualquier bar un domingo por la mañana con nuestro pincho de tortilla y una cesta a rebosar de rebanadas de pan. Las charlas son interminables, la risas vivificantes y, el apetito, voraz.
Hoy vamos a crear nuevos recuerdos con vosotros: vamos a hornear nuestras propias barras de pan. Crujientes, aromáticas y deliciosas, para que podáis preparar a vuestros hijos el mejor bocata que hayan comido jamás o para que disfrutéis todos juntos un aperitivo familiar de pinchos de tortilla con una buena barra de pan casera. Estos serán los recuerdos que vuestros hijos escribirán en sus propios blogs de repostería cuando sean mayores. Porque serán recuerdos entrañables que no olvidarán jamás.
Lista de la compra para nuestro pan:
- 550 g. de harina de fuerza.
- 350 ml. de agua.
- 23 g. de levadura fresca de panadería.
- 10 g. de sal.
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Utensilios para elaborar nuestro pan:
- Bol.
- Robot amasador.
- Papel vegetal.
- Rasqueta-cortador.
- Cuchilla.
- Bandeja de horno.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, calentamos el agua un minuto en el microondas, echamos la levadura en trocitos muy pequeños y removemos.
2. En segundo lugar, colocamos la harina en el cuenco del robot amasador, hacemos un hueco en el centro, vertemos el agua con la levadura y mezclamos con el robot a velocidad baja hasta integrar todos los ingredientes. A mitad del proceso de mezclado, antes de llegar a obtener una masa homogénea, incorporamos la sal y seguimos removiendo.




3. Cuando tengamos una masa homogénea, enharinamos la encimera y colocamos la masa en ella para continuar amasando con las manos hasta obtener una masa elástica (unos diez minutos)
4. A continuación, engrasamos con aceite un bol y colocamos nuestra masa en él. Lo cubrimos con un trapo y dejamos que repose hasta que duplique su tamaño. Tardará unas 2 horas, aunque dependerá de factores como la temperatura. Podéis guardarlo en el interior del horno apagado para aseguraros de que se encuentra en un lugar sin corrientes de aire.





5. Una vez que la masa haya doblado su tamaño, la dividimos en tres partes iguales con la rasqueta-cortador. Estiramos cada una de estas partes con las manos para darles forma de cilindro y los hacemos rodar sobre la encimera hasta que tengan el tamaño y grosor de una barra de pan. También debemos redondear los picos.
6. Para continuar, ponemos una lámina de papel vegetal en la encimera y colocamos las tres barras sobre ella sin que se toquen. Podemos hacer pliegues con el papel vegetal entre ellas para asegurarnos de que no se pegan unas a otras. Las cubrimos con un trapo y dejamos que leven unos 30 minutos. Transcurrido este tiempo, dibujamos varios cortes en las barras con una cuchilla.







7. Por último, encendemos el horno a 220ºC con calor arriba y abajo. Colocamos las barras en la bandeja con el papel vegetal y, cuando el horno alcance los 220ºC, las introducimos en su interior. Ponemos también en la base del horno un cuenco con agua caliente para que se forme vapor de agua durante el horneado. Esto hará que la corteza sea más crujiente. Hornearemos durante 25 minutos.
8. Para finalizar, apagamos el horno y dejamos que las barras se atemperen sobre la rejilla enfriadora.

Ya tenemos nuestras barras listas para devorar. Seguramente no hará falta que llaméis a las fierecillas porque ese rico aroma a pan horneándose hará que salgan del interior de sus cuevas con el móvil en las manos, olisqueando el ambiente y preguntando qué estáis preparando. Para cuando las barras estén listas, ya estarán sentados alrededor de la mesa con el móvil en las manos, sus vasos de refresco frente a ellos, esperando a que cortéis unas ricas rebanadas de pan y a que llevéis la tortilla troceada en cuadraditos. Cogerán las rebanadas con una mano mientras sujetan el móvil con la otra, palparán y mordisquearán el pan con sumo cuidado y curiosidad. Incluso deleite. En algún momento del proceso, por fin dejarán el móvil en la mesa y se olvidarán de él: habrán caído en el hechizo del pan recién horneado. Entonces, todos pincharéis trocitos de tortilla, morderéis rebanadas de pan crujiente y la conversación y las risas empezarán a fluir en torno a la mesa con naturalidad. El pan crujiente y calentito habrá ejecutado su magia.
¡Enviadnos vuestras fotos con vuestras barras de pan!





Han puesto su alma en estas crujientes y deliciosas barras de pan:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




