¡Pasad, mis intrépidos reposteros, acomodaos! ¡Bienvenidos a los días luminosos y alegres de vuestros recuerdos más lejanos! ¡Bienvenidos a vuestra infancia! Hoy, queridos amigos, vamos a hablar de algunos de esos postres que, con solo evocarlos, nos devuelven a los aromas y sabores de nuestros domingos cuando éramos pequeños. Esas fiestas cuyas mañanas pasábamos jugando mientras, desde la cocina, nos llegaba el aroma de la leche y los huevos cocinándose al baño María; aromas que prometían el disfrute de un postre delicioso a la hora de comer. Los flanes con su caramelo líquido deslizándose por los bordes, las natillas con galletas María que todos devorábamos en pocos segundos o, si crecisteis en la zona de Cataluña, la crema catalana con su capa de azúcar quemado en la superficie, fueron los postres que todos deseábamos comer en días especiales y que nuestros padres nunca se cansaban de prepararnos para que creciéramos fuertes, rollizos y bulliciosos. Hoy vamos a hablaros de estos postres, parecidos a simple vista pero cuyas diferencias sutiles le confieren a cada uno su propia identidad e historia. ¡Adelante! ¡Tomad sitio!
Flanes.
¿Por cuál queréis empezar? Empecemos por los flanes: se elaboran con huevos enteros, leche y azúcar, aunque pueden incorporar otros ingredientes que le aportarán diferentes sabores como vainilla, canela, frutos secos, dulce de leche, chocolate, queso o café. Su historia se remonta a la época de los romanos, los griegos y los fenicios, que lo conocían como tyropatina y lo endulzaban con miel. Los romanos, además, añadían pimienta. Marco Gavio Apicio, un gastrónomo excéntrico y golosón de la época romana, fue el primero en incluir la receta de la tyropatina en su recetario De re coquinaria.
El nombre actual de flan deriva del vocablo flado, surgido en la Edad Media y que, en latín medieval, significa “torta plana”. El flado tenía una versión dulce y también versiones saladas similares a las actuales quiches. En Francia y España se hizo tradición preparar la versión dulce con azúcar caramelizado en la zona inferior del cuenco de forma que, al darle la vuelta, la capa de caramelo quedaba cubriendo la zona superior del flan. Posteriormente, ya con el actual nombre de flan, el postre llegó a Sudamérica tras la conquista española, y allí fue cobrando su propia identidad en cada región: en Venezuela, al flan le llaman quesillo y se elabora con leche condensada, al igual que en Perú la crema volteada; en Colombia, como no podía ser de otro modo, los más populares son los flanes de café. En Argentina y Uruguay, en lugar de añadir caramelo a la zona superior, añaden crema o dulce de leche. También hay quien prefiere añadir las dos cosas en lo que denominan flanes mixtos. ¡Ellos sí que saben!
Si queréis prepararlo con nosotros, no tenéis más que hacer clic en el siguiente enlace a la receta de nuestro delicioso flan. ¡Manos a la obra!



Las natillas.
La diferencia entre los flanes y las natillas es que éstas últimas se elaboran a base de yema de huevo en lugar de huevos enteros, lo que hace que la mezcla sea más cremosa. Se suele añadir maicena o harina de trigo para lograr mayor consistencia.
No se sabe mucho acerca del origen de las natillas. La teoría más aceptada dice que su germen pudo situarse en los conventos europeos a lo largo de la Edad Media debido a la tradición repostera que ha existido siempre en ellos y a la sencillez de sus recetas. También hay quien sitúa el origen de las natillas en Francia, aunque no pasa de mera suposición al no existir documentos o registros que puedan probar esta teoría.
Se trata de un postre muy extendido a lo largo de Europa, Sudamérica e, incluso, en Australia, donde llegaron a través de los colonizadores ingleses. Al igual que sucede con el flan, en ciertos lugares han evolucionado para adquirir su propia identidad. Se dice que, en Sudamérica, las natillas tienen origen colombiano puesto que fue en este país donde los conquistadores españoles las elaboraron por primera vez. Es por ello que, en los hogares colombianos, nunca van a faltar las natillas al llegar diciembre. En Colombia, además, le aportan un toque especial a este postre añadiendo coco rallado, uvas pasas o dulce de mora, y es tradicional acompañarlo de buñuelos para celebrar la Navidad.
Os invitamos a crear con vuestras propias manos las más increíbles natillas, simplemente tendréis que poneros el delantal y hacer clic en el siguiente enlace a la receta de nuestras natillas.



La crema catalana.
La diferencia entre las natillas y la crema catalana, además de la capa de azúcar quemado de una y de las galletas María de las otras, es que la proporción de yemas y maicena en la crema catalana es mayor, mientras que la cantidad de azúcar suele ser menor.
La historia de la crema catalana se remonta muchos siglos atrás en la región de Cataluña. La primera mención a este postre aparece en el Llibre de Sent Soví, un recetario escrito en catalán que data de 1324. La tradición en Cataluña es consumirlo durante las fiestas y, en especial, el día de San José. Antiguamente, solía acompañar a las cocas en las celebraciones. Hoy día constituye el relleno de cocas dulces, ensaimadas, tartas y pasteles, y existen todo tipo de productos con sabor a crema catalana, desde batidos y helados hasta turrones, caramelos y licores. Existe, incluso, ¡el té con sabor a crema catalana!
Haced clic en el enlace a la receta de nuestra crema catalana y disfrutadla recién flambeada. ¡No os arrepentiréis!



Pues sí, mis nostálgicos reposteros. Estos eran los postres estrella de nuestra infancia: caseros, nutritivos, con pedigrí y sobre todo muy, muy ricos. Y fáciles de preparar. Por lo tanto, perfectos para pasar un buen rato enseñando a nuestros peques a elaborarlos para que ellos también puedan disfrutar ese aroma incomparable y, lo mejor de todo, su sabor cremoso, dulce y delicioso.
¡Llamad a los peques de la casa! Llamadlos otra vez, que las poses de Tiktok impiden a sus cerebros reaccionar con la velocidad prevista. ¿Nada? Amenazadles con colgar vuestros propios bailes en sus cuentas. Ahora sí que vienen, ¿verdad? Cuando oigáis sus pies desganados arrastrarse hacia la cocina, ponedles los delantales y prometedles un postre delicioso. Disfrutarán como los enanos que son, aunque os pasen los huevos dibujando poses estrafalarias cual tiktoker profesional. ¡Quizá hasta acabéis viendo el postre en sus vídeos de Tiktok! ¡Ya nos contaréis, por si hay que darle LIKE!




Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




