– Mis intrépidos reposteros, ¿no os parece que hoy el cielo es más azul? ¿No creéis que la brisa huele a flores? ¿A que parece que el sol brilla más que ayer? No, no es la ola de calor que azota Toledo. ¡Es el amor! ¡Hoy nos vamos a poner románticos! Permitidme una pregunta: ¿qué sabéis de los amantes de Teruel?

– ¡Los amantes de Teruel! ¡Tonta ella y tonto él!

– … mmm… eeehh.. venga, va, era inevitable. Y, aparte de eso, ¿qué más podéis contarme?

– ¡Que desarrollaron una relación codependiente que les hizo creer que no podían vivir el uno sin el otro así que se murieron y encima los enterraron juntos!

– … mmm… eeehh… mmm… ¡¡Resabiados!! ¡Haced las maletas!! ¡¡Nos vamos todos a Teruel! ¡Porque Teruel es precioso! ¡Porque perderse por sus callejuelas es sumergirse en un mundo mágico de otro tiempo! ¡Hay que conocer Albarracín, Valderrobres, Alcañiz y también Dinópolis! Y sobre todo, sobre todo, ¡porque tenéis que probar sus deliciosos suspiros de amante en alguno de los bares de la Plaza del Torico! Os aseguro, listillos, que cuando hayáis probado esos sabrosísimos dulces turolenses, vuestras vidas también se volverán de tonos pastel y empezaréis a ver a los amantes como lo que son: ¡dos héroes del amor romántico del Medievo! Será pooosibleee…

Relación codependiente, relación codependiente… mmppfff… listillos…

Los Amantes de Teruel

Cuenta la leyenda que, en el s. XIII, dos jóvenes turolenses se enamoraron perdidamente uno del otro. Ella era Isabel de Segura, única hija de Pedro Segura, que pertenecía a una de las familias más adineradas de la ciudad. Él era Juan de Marcilla, segundo varón de su familia y, por tanto, sin derechos de herencia. Ambos deseaban contraer matrimonio pero sabían que los padres de Isabel nunca lo aprobarían a menos que Juan lograse reunir una fortuna lo suficientemente grande como para hacerse digno de su matrimonio. Juan pidió a Isabel que lo esperara cinco años, tiempo suficiente para que él pudiera ganar dinero combatiendo junto a las tropas cristianas en la Reconquista.

Durante esos cinco años, Isabel logró impedir que su padre la casara con otros hombres. Sin embargo, vencido el plazo de cinco años y viendo que no sabía nada de su amado, Isabel pensó que habría fallecido en la batalla y dejó que la casaran con otro pretendiente.

La boda tuvo lugar el mismo día en que Juan lograba, por fin, regresar de su largo viaje. Viendo que toda la ciudad se hallaba inmersa en grandes celebraciones, preguntó qué festejaban, y así fue como se enteró de que su amada Isabel había contraído matrimonio con otro hombre. Con gran pesar, esperó hasta la noche y logró introducirse en el dormitorio donde Isabel dormía junto a su marido. La despertó y la rogó que lo besara antes de morir. Ella se negó, pues ahora era mujer de otro hombre, y Juan cayó muerto a los pies de su cama.

Al día siguiente, presa de un gran remordimiento por no haber querido besar a Juan antes de su muerte, Isabel decidió acudir al velatorio para besarlo antes de que lo enterraran. Le descubrió la cara, se inclinó sobre él, lo besó y quedó recostada sobre su cuerpo. Pasado un rato, las personas que allí se encontraban acudieron a levantarla y se dieron cuenta de que había fallecido. Averiguando que ambos habían muerto por amor, decidieron enterrarlos juntos para que juntos yacieran el resto de la eternidad.

Y en honor a ellos, todos los años Teruel celebra en febrero la fiesta de los amantes, en la que los turolenses, durante unos días, se disfrazan con trajes medievales para recrear la sociedad del s. XIII en la que tuvo lugar esta infortunada historia de amor. Las calles se engalanan, se celebran mercados medievales y festivales de música y se representan la boda de Isabel, la petición del beso, la muerte de Juan y la muerte de Isabel. Y, por supuesto, lo más importante: ¡todo el mundo come suspiros de amante!

¿Estáis libres el fin de semana de la fiesta de los amantes? Reservad en un hotel de Teruel, os aseguro que viviréis unos días preciosos, amenos e inolvidables. Reconocedlo, ¿a que ahora os apetece un montón conocer Teruel durante estas fiestas? Os lo dije. ¡Habéis caído en las redes del amor!

¿No tenéis libre ese fin de semana? No pasa nada, aquí os vamos a contar cómo elaborar unos suspiros de amante riquísimos que os transportarán a las callejuelas del Teruel del s. XIII. Cerrad los ojos, sustituid el reguetón por unos cantares de gesta, meteos un suspiro en la boca ¡y os parecerá revivir la boda de Isabel de Segura!

Lista de la compra para nuestros suspiros de amante:

  • 15 – 20 tartaletas de masa quebrada.
  • 120 g. de mantequilla.
  • 60 g. de azúcar.
  • 2 huevos grandes.
  • 8 quesitos.
  • Azúcar glas para decorar.

Utensilios para elaborar nuestros suspiros de amante:

  • 1 cazo.
  • 1 bol.
  • Varillas manuales.
  • 1 tazón.
  • Bandeja de horno.
  • Rejilla enfriadora.
  • Espolvoreador de azúcar glas.
Ingredientes de nuestros Suspiros de Amante

¡Manos a la obra!

1. Troceamos la mantequilla y la ponemos en un cazo a fuego suave para fundirla.

2. Cuando se haya fundido la mantequilla, incorporamos el azúcar y removemos con las varillas hasta que se disuelva por completo.

Troceamos y fundimos la mantequilla
Incorporamos el azúcar y removemos

3. Añadimos los quesitos y seguimos moviendo con las varillas a fuego suave hasta obtener una mezcla sin grumos.

4. Incorporamos los dos huevos sin dejar de remover. La mezcla se irá espesando poco a poco. Cuando veamos que quiere empezar a hervir, apagamos el fuego y seguimos removiendo para evitar que se formen grumos.

5. Ponemos nuestra crema de queso en un tazón y cubrimos con papel film hasta que se enfríe.

Añadimos los quesitos y continuamos removiendo
Incorporamos los huevos, removemos
Cubrimos con papel film y reservamos

6. Cuando la crema se haya enfriado, precalentamos el horno con calor arriba (modo grill) a 220º.

7. Repartimos las tartaletas en una bandeja de horno y las rellenamos con la crema de queso ayudándonos con dos cucharillas.

Colocamos las tartaletas en una bandeja de horno
Repartimos la crema entre las tartaletas
Nuestros suspiros de amante preparados para hornear

8. Horneamos 6 minutos para dorar la superficie de la crema.

9. Sacamos la bandeja del horno y dejamos enfriar los suspiros sobre una rejilla enfriadora.

10. Una vez fríos, espolvoreamos a nuestro gusto con azúcar glas ¡¡y nos comemos los que podamos muy rápidamente porque solo hemos hecho 15 y van a desaparecer!!

Nuestros suspiros de amante recién horneados
Cubrimos con azúcar glas

Aguzad el oído. ¿Escucháis pasos acercándose por el pasillo? ¡Pies que se arrastran guiados por el olor! Sonidos espectrales, susurros, murmullos… ¿serán los amantes, que se han despertado? No hay escapatoria, ¡la fragancia les invoca! ¡Es imposible ocultar ese aroma a suspiros de amante! ¡Siempre me pasa lo mismooo!

¡Masticad deprisa! ¡Coged los que podáis, solo quedan unos segundos! ¡¡Ya llegan!!

¡¡Hay unos pies dando la vuelta a la esquina de la cocina!! ¡¡No queda tiempo!! ¡¡Abandonad lo que quede sobre la encimera!! ¡¡Huiiiid!!

¡¡Dios mío, qué horror!! ¡¡Se los han comido todooooss!! ¡¡Y ahora se van sin dar las gracias!!

No importa, mañana haremos más. Y esta vez, los ocultaremos mejor. ¡Habrase visto, semejante desvergüenza…!

Nuestros deliciosos suspiros de amante
Listos para ser devorados
Cremosos, suaves y delicados suspiros de amante
Atrévete con nuestros increíbles suspiros de amante
Nuestros deliciosos suspiros de amante

Han puesto su alma en estos deliciosos suspiros de amante:

Lourdes Fernández

Lourdes Fernández

Nuestra Guerrillera de los Fogones

Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz

Ana Sanz

La Ilustre Gacetillera

Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.

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