Había una vez seis hermanos que, a principios del pasado siglo, decidieron emigrar a México desde su Reinosa natal para ganarse la vida. Juan y Florencio, dos de los hermanos, quisieron crear su propia empresa, El colmado de Oro, donde elaboraban y vendían sus propias galletas. El éxito les llegó pronto, por lo que decidieron abrir nuevas fábricas de galletas y cambiar el nombre del negocio a Galletas Gómez Cuétara. Tiempo después, en los años 40, las circunstancias hicieron que decidieran regresar a Reinosa para intentar reproducir en su propio país el éxito que habían obtenido al otro lado del Atlántico.
Una vez en Cantabria, compraron una galletera en Santander y llamaron a su empresa Gómez Cuétara Hnos., tardando muy poco en crear una nueva fábrica de galletas en Reinosa. Fue en esta fábrica donde empezaron a elaborar las galletas que dieron forma a la infancia de aquellos que ya empezamos a tener una edad: galletas María, las napolitanas, las campurrianas y el famoso surtido Cuétara que todos hemos comido para celebrar cumpleaños y Navidades. No pasaría mucho tiempo antes de que empezaran a abrir fábricas en otros lugares de España.
Hoy, mis intrépidos reposteros, vamos a hablaros de una de estas galletas que marcaron nuestra infancia gracias a los hermanos Cuétara: las campurrianas. Uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es de la mañana de un sábado en que mis padres nos llevaron a casa de mis abuelos y éstos nos sacaon la caja de galletas campurrianas para que almorzáramos. Recuerdo aquella cocina con su olor característico, aquella mesa con su hule en tonos blancos y azules y aquella maravillosa caja repleta de galletas enormes, de aspecto rústico, crujientes e increíblemente sabrosas. Se convirtieron en una de mis favoritas de forma instantánea.
La receta de las galletas campurrianas es antigua y procede de la comarca de Campoo-Los Valles, en el sur de Cantabria y norte de Palencia. El nombre “campurriano” o ”campurriana” es el gentilicio de esta comarca. Se trata de una receta que fue pasando de generación en generación en las familias que habitaron la zona hasta que los hermanos Cuétara decidieron comercializar su propia receta y popularizarla en el resto de España (e, incluso, fuera de nuestras fronteras).
En estos tiempos en los que existen mil variantes de galletas de distintos sabores y procedencias, os traemos nuestra receta de galletas campurrianas para que regreséis a vuestros primeros años y reviváis aquellos recuerdos ya enterrados a través de su sabor y su aroma. Y también, por qué no, para que mostréis a vuestra chiquillería cómo eran los sabores de vuestra infancia. Les encantarán. ¿Que por qué lo sabemos? Porque hay sabores nunca fallan. ¡Vamos al súper!
Lista de la compra para nuestras galletas campurrianas (15-18 unidades):
- 125 g. de mantequilla cortada en dados y a temperatura ambiente.
- 1 huevo grande.
- 125 g. de azúcar moreno.
- 200 g. de harina de repostería.
- 50 g. de almendra molida.
- 5 g. de levadura química.
- Una cucharadita de esencia de vainilla.
Utensilios utilizados para elaborar nuestras galletas campurrianas:
- Bol.
- Tamizador.
- Varillas eléctricas o manuales.
- Papel vegetal.
- Rejilla enfriadora.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, tamizamos la harina. Añadimos la levadura y la almendra molida. Reservamos.
2. En segundo lugar, mezclamos en un bol la mantequilla cortada en dados y el azúcar y batimos hasta integrarlo todo.





3. En tercer lugar, añadimos el huevo, la esencia de vainilla y seguimos batiendo hasta homogeneizar.
4. A continuación, añadimos la mezcla de harina poco a poco sin dejar de batir.
5. Cuando todo se haya integrado, hacemos una bola con la masa, la envolvemos en papel film y la llevamos a la nevera, al menos, media hora.






6. Transcurrido este tiempo, precalentamos el horno a 180ºC.
7. Seguidamente, cortamos porciones de la masa las que damos forma redonda y aplanamos aplastándolas con las manos para que tengan un grosor aproximado de 1 centímetro.
8. Finalmente, horneamos a 180ºC durante 12 minutos.
9. Una vez horneadas, las dejamos enfriar sobre la rejilla enfriadora, ¡y ya tenemos listas nuestras riquísimas campurrianas!






Ya llegan las fieras del colegio, ¿las oyes? Se escuchan sus voces subiendo por la escalera del portal y sus pasos saltando los escalones de tres en tres. ¡Hora de la merienda! Coloca la bandeja de campurrianas en la mesa del comedor. ¡Qué olor tan delicioso! Cada tipo de galleta tiene su aroma particular y el de las campurrianas huele a meriendas a la antigua usanza, a tardes de sábados libres, a juegos y risas con los hermanos, a aventuras estelares en naves espaciales debajo de la mesa del comedor sujetando el volante de la nave con una mano y la campurriana con la otra.
Abres la puerta y entran como pequeños salvajes hambrientos, tirando las mochilas al aire, y van derechos al comedor.
- ¡Qué bien huele!
- ¿Qué habéis horneado?
- ¡Hala, qué rico!
Se disponen alrededor de la mesa y se sirven leche en sus vasos antes de lanzarse a por las campurrianas lanzando exclamaciones de entusiasmo. Unos mojan las campurrianas en la leche antes de devorarlas, otros tragan campurrianas sin mirar la leche siquiera, otros gritan porque los demás han cogido dos campurrianas y ellos sólo una. Las mismas meriendas que antaño, cuando nosotros éramos pequeños, separadas por 30 años.
Tienes apenas unos segundos antes de que desaparezcan todas.
- ¡Quietos todos!
Se hace el silencio. Uno tiene la campurriana a punto de entrar en la boca abierta de par en par. Otro tiene una campurriana en cada mano, otro te mira con las mejillas manchadas de leche y migas. A alguno se le escapa la risa, pero todos se han quedado quietos mirándote. Es tu última oportunidad. ¡No, no es para que cojas una campurriana, zampón! ¡Es para que les hagas la foto para enviar a Toledo en Dulce!
Foto, foto, foto. Ahora sí, coge una campurriana o te quedarás sin ella.
- ¡Acabadlas todaaaaas!
Las fieras vuelven a gritar y las galletas duran un suspiro. Hay sabores que nunca pasan de moda. ¡Que aprovechen vuestras campurrianas!




Han puesto su alma en estas crujientes, rústicas y sabrosísimas galletas campurrianas:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




