¡Qué fin de semana bueno os espera! ¡Por fin os habéis organizado la esperada escapadita a Toledo! Pongámonos en situación: ya habéis visitado el Alcázar, su biblioteca y el Museo del Ejército. Habéis visto la Catedral y San Juan de los Reyes, os habéis lanzado por la tirolina y habéis llegado vivos al otro lado del Tajo (eso sí, afónicos de tanto chillar)…

Habéis visitado Zocodover, alguna sinagoga, el Museo de El Greco y a lo mejor hasta habéis ido a buscar la firma de Bécquer en la portada del convento de San Clemente. Os habéis gastado una fortuna en las tiendas de moda de la Calle Comercio, habéis pegado la nariz a los escaparates de joyas de damasquino, habéis recordado que las espadas de El Señor de los Anillos eran toledanas y ahora solo os queda perderos por el casco para aterrorizaros un rato con los nombres de las calles (el Callejón del Diablo, el Callejón del Infierno, el Callejón de los Muertos…) y pasar el tiempo hasta que empiece la ruta del Toledo Mágico o el Toledo Siniestro.

Sin saber muy bien cómo, habéis acabado en el barrio de la Judería (porque siempre ocurre así cuando paseas sin rumbo por Toledo) y, entre aromas de teterías y obradores, os dais cuenta de que os ha entrado hambre. ¿Qué hacer? Muy fácil e intuitivo: ¡que estáis leyendo un blog de dulces, por todos los santos! Si os marcháis de la ciudad sin probar los más auténticos y deliciosos dulces de Toledo, ¡es como si no hubierais estado aquí! ¡Tendréis que volver la semana que viene!

Respuesta correcta: llamo a la puerta de un convento o entro en un obrador y compro todos esos dulces que están pronunciando mi nombre.

Respuesta correcta 2: saco de la mochila los dulces que compré en Toledo en Dulce para no tener que esperar a llegar a Toledo.

Elijáis la respuesta que elijáis, con los dulces en vuestro poder, caminad hacia el Paseo del Tránsito, buscad un banco (imprescindible que esté a la sombra entre junio y septiembre si queréis seguir con vida) y degustad con calma mientras descansáis y contempláis las preciosas vistas que podréis disfrutar desde allí: el río Tajo, los cigarrales, alguna ermita… Solo cuando hayáis llenado el estómago con los deliciosos dulces de Toledo, recobraréis las energías necesarias para volver a haceros selfies por las estrechas cuestas empedradas de la ciudad.

¿Qué cuáles son esos dulces de Toledo que aparecerán en vuestro Instagram? Tenéis muchas opciones pero, si queréis degustar los más típicos de la ciudad para disfrutar una auténtica experiencia toledana, tenéis que probar las marquesitas, las toledanas y por supuesto, por supuestísimo, el mazapán en todas sus variantes: figuritas, delicias, anguilas o huesos de santo. A continuación os explico en qué consiste cada uno (buscad algo de comer porque os va a entrar hambre).

Las marquesitas

Jamás pensé que un dulce sin chocolate pudiera formar parte de mi top five hasta el maravilloso día en que alguien puso la primera marquesita en mis manos. Puede que todavía no las conozcáis pero, una vez que comáis una, no podréis parar hasta acabar la caja entera. Como las pipas. Esta minimagdalena recibe su nombre señorial precisamente por su finura y su sabor tan delicados. Elaboradas con almendra molida, azúcar, huevo y ralladura de limón, son pequeñas, cuadradas y se decoran con azúcar glas en la superficie. Sus orígenes se remontan a 1924 en Sonseca, una localidad muy cercana a Toledo, de manos del confitero Hipólito Juanes de la Cruz. Tuvieron tanto éxito que pronto comenzaron a elaborarlas en todos los obradores de Toledo. Son puro arte hecho magdalena, uno de nuestros dulces de Toledo favoritos.

Las toledanas

Otro de los dulces que no te puedes perder si vienes a Toledo. Se trata de unas empanadillas dulces rellenas de cabello de ángel y cubiertas de almendra picada y azúcar. Parece que se comen solas, pero te aseguro que no: eres tú quien las acaba sin darte cuenta. El contraste de textura entre la masa y el cabello de ángel de su interior es simplemente delicioso.

Las figuritas de mazapán

He aquí el producto estrella de Toledo en Dulce. Elaborado a base de almendras y azúcar en su receta más tradicional, existen numerosas teorías acerca de sus orígenes. La primera mención escrita a este dulce data del año 1512 en Toledo, aunque ya se hablaba de un dulce muy similar en Las Mil y Una Noches, lo que refuerza la teoría del origen árabe. Posiblemente fueron ellos quienes introdujeron este dulce en nuestras cocinas en tiempos de Al-Ándalus, aunque claro, nosotros preferimos creer la leyenda que cuenta que el mazapán lo inventaron las monjitas del convento de San Clemente en 1212 para paliar la hambruna que asolaba la ciudad. Sea cual sea su origen, lo cierto es que las monjitas de San Clemente han cuidado su receta a lo largo de los siglos con el mayor de los mimos.

Algunas personalidades que han quedado ligadas para siempre a los mazapanes de Toledo son el emperador Carlos V, a quien las monjitas de este convento enviaban cajas de mazapán de forma periódica sabiendo que era uno de los regalos más preciados para el monarca; Lope de Vega, que mencionaba el mazapán de Toledo en sus “Dos Sanjuanes”; Benito Pérez Galdós, de quien aseguran que se atiborraba a mazapán en la confitería Labrador, en la plaza de la Magdalena; y Don Gregorio Marañón, que siempre regalaba mazapán a sus invitados en el Cigarral de Menores.

Si estáis en Toledo, visitad el convento de San Clemente para ver la magnífica portada de Alonso de Covarrubias y buscar la firma de Gustavo Adolfo Bécquer en ella. Y por supuesto, que para eso veníamos, llamad a la puerta para adquirir sus deliciosos mazapanes. Disfrutaréis de un dulce de personalidad exquisita que exhala historia con cada bocado.

Delicias de mazapán

Una de las variantes con más solera del típico mazapán. Se trata de una empanadilla de mazapán rellena de yema confitada y bañada con una pasta a base de mazapán y huevo que al hornearse adquiere color dorado. La yema de huevo en su interior le aporta un sabor especial y una textura cremosa que merece la pena probar. En Toledo son tan populares como las figuritas clásicas de mazapán y, cuando las probéis, vosotros también comprenderéis por qué.

Huesos de santo

Puede que sean más tradicionales en otras zonas de España, pero en Toledo podrás comerlos todo el año y no solo en la festividad de Todos los Santos. Como la mayoría sabréis, se trata de un cilindro de mazapán relleno de yema confitada que recuerda a la forma de un hueso.

Se dice que los orígenes del hueso de santo se remontan a la época en la que el cristianismo y el paganismo celta convivían en Europa. Hace siglos, la fiesta de Todos los Santos se celebraba en mayo, pero el papa Gregorio III la cambió al 1 de noviembre en el s. VIII para hacerla coincidir con la fiesta pagana de Samhain, en la que los celtas celebraban el final de la temporada de cosechas y el comienzo del nuevo año.

Los espíritus de los difuntos tenían permiso en la noche del Samhain para caminar entre los vivos. Viendo que, a pesar de los esfuerzos, la población seguía conservando ritos y creencias paganas como la tradición de encender velas en el interior de calabazas para ahuyentar a los malos espíritus o la creencia de que los difuntos volvían al mundo de los vivos durante la noche, cuentan que un monje benedictino creó este dulce en forma de hueso para recordar a la gente que la verdadera festividad que debían celebrar era el Día de Todos los Santos y no el Samhain celta.

A día de hoy se pueden encontrar huesos de santo con todo tipo de rellenos, desde chocolate o coco hasta mermelada o trufa pasando por crema, ciruela o fresa. Están tan difundidos por el mundo cristiano que en muchos sitos existen variantes igualmente ricas como las calaveritas de dulce mexicanas.

Anguilas de mazapán

Consiste en una masa de mazapán que se trabaja hasta darle forma alargada y enrollada en espiral. Suele ir rellena de yema, mermelada o cabello de ángel y se le ponen ojos, escamas y adornos de fruta confitada.

Una de las explicaciones a su origen cuenta que, antiguamente, las anguilas del río Tajo (las anguilas de verdad) eran muy apreciadas por su enorme tamaño y su rico sabor. Una Semana Santa toledana no era lo mismo si no consumías anguila del Tajo en adobo o acompañada de distintas salsas. Sin embargo, la proliferación de presas y la mala calidad de las aguas dieron lugar a su progresiva desaparición a finales del s. XIX y principios del XX. Dicen que los pasteleros toledanos comenzaron a elaborar anguilas de mazapán para perpetuar el recuerdo de este preciado manjar entre los vecinos de la ciudad.

Benito Pérez Galdós, gran amante de la ciudad de Toledo y de sus dulces, narraba en sus Episodios Nacionales que los mazapanes de Toledo comenzaron a aparecer en forma de culebras enroscadas en la confitería Labrador en 1863 al desaparecer de las aguas del Tajo esos peces que, según su novela Ángel Guerra, parecían boas por lo grandes y gruesas que eran.

Otra posible explicación al origen de la anguila de mazapán se remonta al Toledo de los Reyes Católicos. En 1492 éstos ordenaron la expulsión de todos los judíos excepto de aquellos que se hubieran convertido al catolicismo. Mucha gente desconfiaba de los judíos que decían haberse convertido, lo que llevó a la Inquisición a idear formas de identificar a los falsos conversos que seguían observando en secreto los preceptos de la religión hebrea. Al ser la anguila un animal prohibido para los judíos por su parecido con la serpiente (al igual que los demás peces sin aletas ni escamas), decidieron dar forma de anguila al mazapán para observar quién lo comía y quién lo rechazaba. Los pasteleros toledanos se compadecieron de los judíos y decidieron crear escamas a base de azúcar glas y almendras para que pudieran comer anguilas sin quebrantar sus preceptos y evitar ser perseguidos.

Sea cual sea su origen, si vais a Toledo podréis encontrar anguilas en cualquier obrador y sus precios oscilarán entre los 10 – 15€ de la anguila más pequeña (unos 10 cm) hasta los 200 – 250€ de las anguilas de medio metro. Así que haced hueco en el estómago y disfrutad la ocasión porque, como dice el refrán toledano: “de pesca o de mazapán, las anguilas buenas están”.

Y muchos otros…

Otros dulces que podréis encontrar en cualquier obrador de Toledo son los pasteles Gloria, elaborados con batata cubierta de mazapán; las pastas imperiales, que son pastas de mazapán cubiertas de almendra marcona; las empiñonadas, que consisten en bolitas de mazapán cubiertas de piñones; la sopa de almendras, elaborada con barras de mazapán toledano que se disuelven con leche caliente, o las princesitas: finísimos bizcochos elaborados con barras para sopa de almendras y huevo. Dulces deliciosos en todas sus variantes.

¿Cómo decís? ¡Ah, que regresáis ya del fin de semana toledano! ¡Entonces ya sois expertos en su repostería! ¿Qué dulces habéis comido? ¿Alguna otra exquisitez que yo no haya mencionado? ¡Contadme! ¡Y no escatiméis en detalles!

Ana Sanz

Ana Sanz

La Ilustre Gacetillera

Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.

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