Hoy, mis intrépidos reposteros, vamos a hablar de uno de esos dulces que nos transportan a nuestra niñez. Imposible no sentir nostalgia de aquellas vacaciones de Semana Santa cuando, de pequeños, embestíamos la casa del pueblo como auténticos salteadores asilvestrados. ¿La razón? Sabíamos que allí dentro nos esperaban bandejas enormes repletas de hojuelas, esos dulces típicos de Semana Santa que tantas alegrías han proporcionado a los más glotones de todas las casas. A nosotros, pero también a nuestros padres, a nuestros abuelos y a los abuelos de sus abuelos.
Las hojuelas forman parte de lo que llamamos frutas de sartén: dulces cuyo origen se encuentra en la repostería andalusí, elaborados con harina y otros ingredientes que se fríen en sartén. Las hojuelas, como su primo el pestiño, forman parte del legado de las tres culturas que coexistieron en la península en la época andalusí. Hoy día lo preparamos para celebrar la Semana Santa pero también existe un dulce sospechosamente similar llamado Shebbakiyya que se consume durante el Ramadán en países con tradición repostera magrebí, así como la fijuela, tradicional de la repostería sefardí, que se consume en la fiesta judía del Yom Kippur. Se trata de postres casi idénticos con distintos nombres y un mismo origen, muchos siglos atrás, en las cocinas y fogones de nuestros antepasados. En un mundo tan dividido, resulta alentador ver cómo los dulces siempre acaban hermanándonos a todos, ¿a que sí?
Acabadas las presentaciones, ciñámonos al tema: ¡vamos de compras al súper!
Lista de la compra para nuestras hojuelas:
- 240 g. de harina.
- 2 huevos.
- 50 ml. de anís dulce.
- 30 ml. de aceite de oliva suave.
- Miel.
- Azúcar glas.
- Aceite de girasol para freír.
Utensilios utilizados para elaborar nuestras hojuelas:
- Bol.
- Varillas manuales.
- Rodillo.
- Sartén.
- Espolvoreador de azúcar glas.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, echamos los huevos, el anís y el aceite de oliva en un bol. Mezclamos bien.
2. Cuando todo esté integrado, agregamos la harina poco a poco al tiempo que removemos con las varillas. Una vez mezclada toda la harina, si vemos que la masa queda un poco líquida, podemos añadir algo más. La masa final debe poder moldearse con un rodillo. (De igual forma, si vemos que la masa va a quedar muy densa, no es necesario añadir toda la harina)
3. Integrado todo bien, dejamos reposar la masa 30 minutos.





4. Transcurridos los 30 minutos, enharinamos la encimera, el rodillo y nuestras propias manos puesto que la masa es algo pegajosa.
5. A continuación, dividimos la masa en pequeñas bolas del tamaño de una nuez. Aplastamos cada bola y la aplanamos con el rodillo hasta que tengan un grosor tan fino que se puedan distinguir los dibujos de la encimera a su través.






6. Seguidamente, ponemos a calentar el aceite de girasol en la sartén, a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, freímos las láminas hasta dorarlas por las dos caras.
7. Una vez fritas, las pasamos a una fuente con papel para que absorba el exceso de aceite.
8. Por último, cuando las hojuelas se enfríen, las dividimos en dos fuentes: a unas les vamos a añadir miel y las otras las vamos a endulzar con azúcar glas, para que cada golosón pueda elegir las hojuelas que más le gusten.






Instrucciones de uso para introducir a vuestros retoños en la tradición de las hojuelas en Semana Santa:
- Colocad las fuentes repletas de hojuelas sobre la mesa de la cocina; llamad a vuestros pequeños monstruitos.
- Detectaréis sus pasos cansinos y desganados arrastrándose por la esquina; decidles que dejen la tablet a un lado si no quieren pringarla de miel y azúcar.
- El móvil también.
- El Apple watch también.
- ¡La Nintendo Switch también, rediós! ¡¡¿Queréis soltar todos esos artefactos de una santa vez?!!
- Señalad las hojuelas: ¡Eso de ahí es comestible! ¡¡Comed!!
- Esperad mientras lo huelen con repugnancia y se lo acercan a la boca.
- Esperad mientras dan el primer bocado con semblante de angustia.
- Observad el cambio repentino de expresión, los ojos como platos, las miradas expectantes al resto de las hojuelas, los sonidos guturales. Significa que se están percatando de que las hojuelas saben mejor que la tablet. (Sí, a veces lamen la tablet, dadlo por sentado)
¡Et voilà! Acabáis de convertir a vuestros hijos en alimañas de hojuelas. No van a volver a hablar hasta que acaben todas. Sólo van a emitir gruñidos de satisfacción ¿Os dije que debíais apartar unas pocas hojuelas para vosotros? ¿No os lo dije? Lástima. No vais a probarlas. No intentéis meter la mano u os la arrancarán.
¡Enviadnos fotos antes de que se acaben!





Han puesto su alma en estas increíbles hojuelas:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




