– ¡Varón descabalao! ¡48 años! ¡Pulsaciones: 78! ¡Tensión 11 – 7! ¡No sabemos si está arreactivo o es que no le da la gana responder!
– ¿Ha dicho algo en la ambulancia?
– Sí: ¡aj!
– Mala señal. ¡1 mg de adrenalina! ¿Quién lo ha encontrado?
– La señora que daba la vuelta a la esquina de la mercería de la Paqui. Lo vio tirado en la acera gritando: ¡dejadme morir! ¡No aguanto este calor! ¡Es que no lo aguannnnto!
– ¿Qué temperatura había en la esquina?
– ¡Toledo en agosto, doctora Grey! ¡44 grados a la sombra y 87 al sol!
– ¡Dios santo! ¡Parad la adrenalina! La única forma de salvarlo es administrarle naranjas heladas.
– ¿Con aguja hipodérmica?
– ¡Pero qué dices, hombre! ¡Con cuchara! Coge papel y boli y atiende, que te paso la receta.
Lista de la compra para nuestras naranjas heladas:
- 4 naranjas.
- 150 g. de azúcar.
- 300 g. de nata para montar (mínimo 35% de materia grasa)
- 1 trozo de piel de naranja.
Utensilios necesarios para nuestras naranjas heladas:
- Tabla de corte.
- Cuchillo.
- Cuchara.
- Bol.
- Batidora.
- Colador.
- Cazo.
- Cuchara de madera.
- Varillas eléctricas.
- Cuchara para helado.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, lavamos bien las naranjas y cortamos la parte superior. Extraemos la pulpa ayudándonos con un cuchillo y una cuchara. Reservamos las naranjas vacías en la nevera, incluida la parte superior.
2. En segundo lugar, batimos la pulpa y la pasamos por un colador para obtener el zumo de naranja.








3. A continuación, calentamos en un cazo el zumo de naranja con el azúcar y el trozo de piel de naranja. Removemos para disolver el azúcar. Cuando comience a hervir, apartamos del fuego y retiramos el trozo de piel de naranja. Dejamos enfriar.



4. Cuando el zumo esté a temperatura ambiente, montamos la nata. Una vez montada, incorporamos el zumo de naranja muy poco a poco para no desmontar la nata. Cuando hayamos incorporado todo el zumo, lo llevamos al congelador un mínimo de 3 – 4 horas.



5. Transcurrido este tiempo, extraemos el helado del congelador y las naranjas vacías de la nevera. Rellenamos las naranjas con el helado y tapamos con la parte superior de la naranja. ¡Ya tenemos nuestras naranjas heladas listas para revivir a cualquiera!




– Pero míralo. Llegó pidiendo morir y ahí lo tienes, masticando a dos carrillos. Con una cuchara en cada mano. Mira, mira, mira, eeeh, ¡qué annnsiaaa!
– ¡Que te va a sentar mal, alma de cántaro! ¡Traga despacio, que eso está frío! ¡Se te va a congelar el cerebro!
– ¿A que no habéis hecho fotos para exponer el caso clínico en el congreso? ¿No? Pues se las ha zampado todas. No nos queda otra, venga, ¡a preparar más naranjas heladas! ¡Y haced fotos esta vez! Para el congreso y para Toledo en Dulce, que saqué la receta de su blog.
– Claaaro, ahora lo entiendo. Si es que estos de Toledo en Dulce hace que resurjan las ganas de vivir hasta con 44 grados…





Han puesto su alma en estas increíbles naranjas heladas:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




