Con helado, fiambre o chocolate; vegetales, de ensalada o mermelada. De salmón, de jamón o de queso; de crema, mantequilla o sobrasada. Y el no va más: el cronut, mezcla de donut y croissant; o el croffle, mezcla de gofre y croissant. Imaginar una humanidad sin croissants sería como concebir un mundo al que le faltara un color, o como pensar un universo sonoro que careciera de una nota musical.
Pensad un desayuno típico en vuestra cafetería de confianza. Seguro que la mayoría de vosotros ha pensado en un café acompañado de un croissant con mantequilla o mermelada. Dar un sorbo a tu café, extender la mantequilla por la miga calentita y aromática del croissant y saborearlo con calma es el mejor ritual para relajarse un instante antes de sumergirse en la vorágine del día. Pensad una escena grabada en el imaginario colectivo en la que alguien disfrute comiendo un bollo cualquiera: Audrey Hepburn con su croissant y su vestido negro ante el escaparate de Tiffany’s en Desayuno con Diamantes. (No, yo no he pensado en Coco, el Monstruo de las Galletas. Hacéoslo mirar). (Las galletas son galletas y los bollos son bollos, rediós).
Por mucho que pasen los años, por muchos nuevos dulces que lleguen, el croissant nunca pasará de moda. Ligero, crujiente por fuera pero suave por dentro, dulce pero nunca pesado, se trata del bollo más consumido del mundo. Puede que no presuma de toppings de colores ni llamativos glaseados de fantasía pero el croissant nos acompaña en silencio, con su elegancia y discreción desde hace mucho, mucho tiempo.
El 30 de enero celebramos el Día Internacional del Croissant y no queremos dejar pasar esta fecha tan dulce sin ofrecer nuestro pequeño homenaje a este bollo sin cuya presencia no podríamos concebir el mundo de los golosos. ¡Acompañadnos a preparar estos riquísimos croissants de chocolate blanco y Lacasitos para festejar este día tan dulce! ¡Vamos al súper!
Lista de la compra para nuestros croissants de chocolate blanco:
- 1 lámina de hojaldre.
- 1 tableta y media de chocolate blanco.
- 1 huevo para pincelar.
- Un puñado de Lacasitos.
Utensilios necesarios para nuestros croissants de chocolate blanco:
- Rodillo.
- Cuchillo.
- Pincel de silicona.
- Bandeja de horno.
- Rejilla enfriadora.
- Cazo para el baño María.
- Mortero.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, extendemos la lámina de hojaldre y la aplanamos con el rodillo. Cortamos el hojaldre en trozos triangulares como se muestra en la imagen para obtener 6 triángulos del mismo tamaño.
2. En segundo lugar, colocamos cuatro onzas de chocolate blanco en la base de cada triángulo y enrollamos el triángulo sobre sí mismo desde la base hasta la punta, dejando el chocolate en su interior.
3. Cuando estén enrollados, cerramos un poco los bordes para evitar que se salga el chocolate durante el horneado.








4. A continuación, pintamos los croissants con huevo empleando el pincel de silicona y llevamos al horno precalentado a 200ºC durante unos 15 minutos.
5. Mientras se hornean los croissants, fundimos el resto del chocolate blanco al baño María o a toques en el microondas.
6. Seguidamente, picamos los Lacasitos con un mortero.
7. Transcurridos los 15 minutos, sacamos los croissants del horno y dejamos enfriar sobre la rejilla enfriadora.








8. Por último, decoramos cada croissant cubriéndolo generosamente con chocolate blanco fundido y añadiendo los Lacasitos troceados. ¿Habéis visto qué fácil? ¡Listos para devorar!


Coged un croissant recién horneado y aspirad. Mmmm… Ese inconfundible aroma a croissant calentito con su toque a chocolate blanco hace que se me derritan los fogones… Abrid la boca. Más grande. Más. Dadle un bocado y masticad. Buaaah… Aprovechando que masticáis con la boca llena y no podéis llevarme la contraria, os voy a contar la historia de los croissants para que aprendáis mientras engullís, que el saber no ocupa lugar y mucho menos en la boca.
En 1683, el Imperio Otomano tenía Viena sitiada en su avance para conquistar el Sacro Imperio Romano Germánico. No se les ocurrió mejor manera de entrar en la ciudad que cavar un túnel para sorprenderlos en mitad de la noche, pero no cayeron en la cuenta de que los panaderos también trabajan de noche. Escuchando el ruido de las palas bajo tierra, éstos avisaron a su ejército, que esperó a los otomanos para atacarlos a la salida del túnel y obligarlos a retirarse. Para celebrar la victoria, los panaderos inventaron un bollo con forma de luna creciente: la luna creciente de las banderas del Imperio Otomano (de ahí el nombre de croissant, que significa creciente).
Resulta intrigante cómo un bocado tan dulce puede tener una historia tan bélica a sus espaldas, ¿verdad? Bueno, hay que decir que muchos investigadores piensan que esta historia es sólo una leyenda y que, probablemente, los dulces con forma de media luna llevan comiéndose en Europa desde mucho antes del s. XVII. Lo que sí sabemos con certeza es que no es un dulce francés y que su origen pudo situarse en Austria, como indica la leyenda.
¿Cómo decís? ¿Que por qué el bollo tiene un nombre francés si es austriaco? Venga, metedle otro bocado al croissant, que os lo explico. ¡Ñam, ñam, ñam…! ¿Listos? Pues veréis, al principio, el croissant no se llamaba croissant, sino kipferl, que también significa media luna, pero claro, con ese nombre no podía triunfar. El kipferl no era un dulce de hojaldre sino un bollo tipo brioche. Con el tiempo, en el s. XIX, este bollo llegó a Francia, donde los lugareños se encariñaron tanto con él que quisieron hacerlo propio: inventaron el kipferl de hojaldre y lo llamaron croissant.
Ahora sí os cuadra, ¿verdad? A mí también, así que, saciada mi hambre de conocimiento y mi hambre de comer, voy a hacer unas fotos al resto de mis croissants de chocolate blanco con Lacasitos para enviarlos a mis redes sociales antes de que me los zampe todos y desaparezcan. ¿Vosotros también? ¡Qué bien! ¡Enviadnos vuestras fotos para que veamos la buena pinta que tienen vuestros croissants! ¡Disfrutadlos!






Han puesto su alma en estos increíbles croissants de chocolate blanco:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




