Hoy, mis intrépidos reposteros, vamos a preparar un clásico y recio postre todoterreno de los que nunca fallan. Pero vamos a ir un paso más allá. Vamos a reconvertirlo en delicado postre gourmet de la alta repostería francesa. ‘¿De qué diablos hablan hoy estos locos?’, os preguntaréis, no sin cierta razón. Muy sencillo: hablamos de las deliciosas y delicadas madeleines, esos pequeños bizcochos originarios de Francia que nacieron para agasajar a los invitados de una cena organizada en 1755 por el rey de Polonia y duque de Lorena, Stanislas Leszczynski. Cuentan que una joven que trabajaba como parte del servicio elaboró unos pastelitos que gustaron a todos los invitados, por lo que Leszczynski decidió bautizar al pastelito con el nombre de la cocinera: Madeleine. Estas madeleines no tardaron en endulzar las fiestas de la corte en Versalles y París y, más tarde, en el resto de Francia.
Efectivamente, mis queridos reposteros, lo habéis adivinado: hablamos de la versión francesa de la recia y todoterreno magdalena, ésa que nos ilumina cualquier desayuno de fin de semana. La que se deja mojar, morder, mordisquear y roer; la que se rompe y se hunde en el vaso de leche; la que todo lo salpica y se bebe nuestro café. Ésa que nunca nos falla. Pero en modo galo.
¿Recibís invitados en casa y queréis agasajarlos con un desayuno refinado preparado en vuestro propio horno? ¡Ofrecerles magdalenas sería muy de andar por casa! Sacad vuestra mejor vajilla, servidles un buen té inglés con mucho aroma y mucho cuerpo y ofrecedles unas madeleines recién horneadas. ¡Quedarán encantados!
Lista de la compra para nuestras madeleines:
- 150 g. de harina.
- 120 g. de azúcar.
- 120 g. de mantequilla a temperatura ambiente.
- 70 ml. de leche a temperatura ambiente.
- 2 huevos grandes.
- 1 cucharadita de esencia de vainilla.
- 1 cucharadita de levadura química.
- 1 pizca de sal.
- Azúcar glas para decorar.
Utensilios para elaborar nuestras madeleines:
- Bol.
- Tamizador.
- Varillas eléctricas o manuales.
- Espátula de silicona.
- Molde para madeleines.
- Spray desmoldante.
- Manga pastelera.
- Rejilla enfriadora.
- Espolvoreador de azúcar glas.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, tamizamos la harina junto con la levadura y reservamos.
2. En segundo lugar, batimos los huevos y el azúcar hasta que adquieran color blanquecino y consistencia espumosa.
3. A continuación, fundimos la mantequilla en el microondas y la añadimos a los huevos y el azúcar. Añadimos también la leche y la esencia de vainilla. Batimos hasta integrarlo todo.





4. Agregamos la harina y la levadura junto con una pizca de sal y lo mezclamos todo con una espátula de silicona mediante movimientos suaves y envolventes.
5. Seguidamente, introducimos la masa en la nevera durante una hora.
6. Antes de sacar la masa de la nevera, precalentamos el horno a 220ºC y rociamos el molde para madeleines con spray desmoldante. Nuestro molde tiene capacidad para 12 madeleines, por lo que nos sobrará masa para preparar una segunda tanda.




7. Una vez enfriada la masa, la extraemos de la nevera y la introducimos en la manga pastelera. Rellenamos las cavidades del molde poniendo cuidado en no llegar hasta el borde. Debemos dejar 3 ó 4 milímetros para que la masa no se desborde al subir dentro del horno.
8. A continuación, introducimos el molde en el horno. Transcurridos 5 minutos, bajamos la temperatura del horno a 180ºC y continuamos horneando 7 – 8 minutos más, hasta que observemos que los bordes adquieren un tono dorado oscuro y el copete un tono dorado claro.
9. Por último, extraemos el molde del horno y dejamos que se enfríe un poco antes de colocar las madeleines en la rejilla enfriadora.





10. Una vez frías, decoramos nuestras madeleines con azúcar glas y ya están listas para nuestro desayuno nivel gourmet.


Que su nombre francés no os lleve a error, mis queridos pasteleros. Estas madeleines son maravillosas para un desayuno especial con invitados ¡pero también son perfectas para zampar, mojar y chorrear café hasta los codos! Disfrutadlas tomando el té con el meñique estirado o disfrutadlas en pijama y con los pelos sobre la cara. Elegid el modo que gustéis, ¡pero disfrutadlas! ¡Y enviadnos foto si elegisteis el “modo meñique”! (Si elegisteis el “modo pelos”, mejor no, si eso).






Han puesto su alma en estas deliciosas madeleines:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




