Todos los años, irremediablemente, nos preguntamos cómo ha podido llegar diciembre sin darnos cuenta. Los anuncios de la lotería de Navidad y los villancicos en los centros comerciales nos recuerdan que ha regresado el tiempo de estrechar lazos, comilonas, indigestiones y pantalones que no abrochan. Porque, independientemente de que celebremos la Navidad, el solsticio de invierno o el Dongzhi, lo único cierto y verdadero es que, durante varias semanas, en todos los rincones del planeta, todos nosotros brincaremos cual cabritillos de banquete en banquete y comeremos deliciosos dulces de Navidad que regresan cada año para arrastrarnos al gimnasio el siete de enero con de ese nuevo michelín que, tres semanas atrás, no existía. Y a pesar de ello, ¿quién se resiste al delicioso dulce de mazapán, con olor a canela y cubierto de chocolate que te mira solitario con ojos tristes desde la bandeja de los dulces?
Hoy vamos a hablaros de esos típicos dulces de Navidad, que se remontan en muchos casos a tradiciones centenarias, cuando en los oscuros días de invierno en Europa la gente debía permanecer largo tiempo en sus casas, al abrigo del frío y alimentándose de comidas muy calóricas para poder hacer frente a las inclemencias del clima. Estas costumbres fueron exportadas posteriormente por los europeos a otros lugares del mundo, incluido el hemisferio sur donde, curiosamente, mantienen tradiciones gastronómicas similares en Navidad a pesar de contar con climas cálidos en estas fechas.

Los dulces de Navidad en España.
Empezaremos por los dulces más típicos de la Navidad española. Hay muchos donde elegir y cada cual tendrá su favorito pero, sin lugar a dudas, son tres los que ocupan el podio de los dulces de Navidad: el turrón, el mazapán y los mantecados y polvorones. Con permiso del roscón de reyes, por supuesto.
El turrón
En el siglo XI ya se hablaba del “turun” en la península arábiga, desde donde llegó a España en el siglo XV. Se sabe que, en el siglo XVI, en Alicante, al llegar la Navidad, se pagaba los salarios mitad en dinero, mitad en turrón. (Quién sabe, quizá éste pudo ser el origen de la cesta de Navidad). Los más tradicionales son el turrón duro de Alicante y el blando de Jijona, aunque a día de hoy existe una gran variedad, desde chocolate, café o coco hasta los más delirantes con sabor a pipas, cerveza o arroz con leche.



Mazapán
Evidentemente, uno de nuestros dulces de Navidad favoritos. Elaborado en forma de “figuritas” a base de almendras, azúcar y, en ocasiones, huevo, hay muchas leyendas en torno a su origen. Su introducción en la península pudo haber venido con la invasión musulmana aunque, en base a ciertos documentos que datan del medievo, existe la teoría de que pudo haberse inventado en el convento de San Clemente, en Toledo, a principios del siglo XIII. Como curiosidad, si viajas a Toledo puedes visitar este convento, donde podrás contemplar su portada atribuida a Alonso de Covarrubias o su Sala Capitular de estilo mudéjar. También podrás comprar mazapanes en su tienda, elaborados por las monjas de clausura que habitan el convento en la actualidad. Y, por supuesto, si no puedes venir hasta Toledo, también puedes adquirir estos deliciosos dulces en nuestra web. ¡Recién horneados en las cocinas de las monjitas de San Clemente!
Mantecados y polvorones
Sus orígenes datan del siglo XVI en Andalucía, a causa de un excedente de cereales y manteca que se produjo en la zona de Antequera. Se elaboran con harina de trigo, grasa de cerdo y azúcar. La diferencia entre mantecados y polvorones es que éstos últimos también llevan almendras en su composición.



Viajemos por Europa
Cada región tiene sus propias tradiciones en cuanto a dulces de Navidad. En Portugal encontramos el bolo do rei, muy similar al roscón de reyes español aunque, en el país vecino, se come durante todo el periodo navideño, desde el día de Navidad hasta el día de reyes. Parece que el origen del roscón se remonta a las fiestas saturnales romanas, dedicadas al dios Saturno, en las que celebraban que los días comenzaban a alargarse tras el solsticio de invierno.
El bolo do rei consiste en un bollo de masa dulce y forma de corona, adornado con frutas confitadas. La diferencia con el roscón español es que la masa del bolo contiene uvas pasas y frutos secos y se riega con vino de Oporto, que le confiere un aroma y un sabor especiales. Lo que sí ha permanecido exactamente igual en el país vecino es que, quien encuentra el haba, se rasca el bolsillo y paga.

La navidad francesa
En Francia, el dulce más tradicional en estas fechas es el tronco de Navidad o bûche de Noël, que consiste en un bizcocho con chocolate, crema o café que se enrolla y se vuelve a untar por fuera para darle el aspecto de un tronco para quemar en la chimenea. Su origen se remonta a los ritos precristianos de las tribus germánicas del norte de Europa, que consistían en quemar un tronco grande de madera durante tres días seguidos en el solsticio de invierno para alejar la oscuridad y atraer los días más largos y cálidos de primavera. Durante el siglo XIX, al reemplazar las estufas a las chimeneas, un pastelero francés decidió sustituir el tronco por un dulce que lo imitara, surgiendo así la tradición del bûche de Nöel. ¡Benditas estufas y bendito pastelero!
Es también típica de este país la galette des rois o tarta de reyes, consistente en una torta de hojaldre con almendras que se consume durante los primeros días del año para celebrar la llegada de los reyes magos. También esconde un haba en su interior y siempre va acompañada de una corona de papel o cartón ya que, quien encuentre el haba, será nombrado rey por un día y deberá colocarse la corona para llevarla todo el día. Cuentan que el rey francés Francisco I invitó en 1521 al conde de Saint Pol a comer una gelette en palacio. El conde de Saint Pol encontró el haba y, como manda la tradición, fue designado rey por un día, pero parece que se le subió el cargo a la cabeza y la broma acabó con una galette estampada en la real cara de Francisco I.


El Christmas pudding inglés
En Reino Unido existen varios tipos de dulces de Navidad. Posiblemente el más conocido de todos ellos es el Christmas pudding o plum pudding, cuya receta suele pasar de generación en generación, por lo que cada familia aporta su toque especial y se dice que no hay dos Christmas pudding iguales en todo el país (por supuesto, cada familia opina que su Christmas pudding es el mejor y no comparten con nadie los secretos de su receta).
El pudding se compone de una gran cantidad de frutas y frutos secos como pasas, arándanos, ciruela, manzana, nueces o avellanas, y son las especias las que aportan el aroma que distingue a cada Christmas pudding. Su preparación es laboriosa. Los más tradicionales cocinan el Christmas pudding en noviembre y lo dejan secar atado en un trapo y colgado de un gancho durante semanas. Durante todo este tiempo, deberán regar el pudding cada día con cítricos y brandy hasta el día de Navidad. Se suele servir caliente y aliñado con más brandy. Para beber: una taza de brandy caliente, por supuesto.

El delicioso Panettone italiano
Seguro que todos habéis probado el panettone italiano (panetón, pan dulce o pan de Pascua en Iberoamérica), un bollo tipo brioche con pasas, frutas escarchadas o chocolate.
Existen varias leyendas en torno a su origen, aunque la más conocida se remonta a la corte de Ludovico Sforza (Ludovico el Moro), señor de Milán a finales del siglo XV. En una cena de Nochebuena ofrecida por éste a la corte milanesa, el cocinero quemó el postre en el horno y cundió el pánico al ver que no tenían postre que ofrecer para poner el broche al lujoso banquete. Sin embargo, un joven aprendiz había recogido las sobras del banquete para preparar un pan dulce que llevar a su casa. El joven ofreció este pan con trozos de fruta al cocinero y le propuso servirlo como postre. A Ludovico le gustó tanto que preguntó quién lo había preparado, y el cocinero le presentó a Toni, su joven ayudante. A partir de entonces, ese postre pasaría a llamarse “Pane de Toni”, que derivó con el tiempo en el actual panettone.

Dulces de Navidad en centroeuropa
Si viajamos a Austria en Navidad podremos degustar su Linzer torte, elaborada con una masa crujiente cubierta con mermelada de grosella, ciruela, frambuesa o albaricoque y cubierto a su vez con un enrejado de masa. Esta tarta no solo se consume en Austria, sino también en Hungría, Suiza y Alemania. La receta más antigua que se conoce pertenece a un códice de 1653 de la Abadía de Admont, el monasterio más antiguo de la región de Estiria, en Austria. Degustar este delicioso dulce en alguno de los mercadillos navideños de Innsbruck o Salzburgo mientras escuchas los cantos corales o los conciertos de música de Adviento es una experiencia mágica que no te puedes perder.
El lebkuchen es uno de los dulces de Navidad más típicos en Alemania. Son unas galletas de jengibre que también llevan frutos secos, anís, miel y mazapán, y especias como cardamomo, clavo y canela. Fueron los monjes bávaros los que inventaron estas galletas en la Edad Media, aunque se empezaron a dar a conocer hacia 1920 gracias a los pasteleros de la ciudad de Nüremberg, quienes comenzaron a hornearlas con todo tipo de formas. Las que tienen forma de corazón suelen ser de gran tamaño y se decoran con frases navideñas o mensajes personales para la persona a quien se regala. La mejor forma de degustar un lebkuchen es perderse por alguno de los mercadillos navideños del casco histórico de Nüremberg con una taza de glühweim para acompañar: vino tinto caliente con canela, clavo, naranja y jengibre.
En Bélgica es tradicional desayunar un cougnou (o pan de Jesús) la mañana de Navidad. Se trata de un bollo tipo brioche al que se coloca una figurita en el centro que simboliza el niño Jesús. Otras veces, en lugar de la figurita, lleva un huevo duro. Es tradicional darle este desayuno a los más pequeños de la casa acompañado de una taza de cholocate caliente.


Las kerstkransjes holandesas
A pesar de su nombre impronunciable, son unas deliciosas rosquillas de mantequilla y vainilla, cubiertas de almendras o cerezas confitadas. La traducción de su nombre al castellano es “pequeñas guirnaldas de Navidad”, y la tradición consiste en prepararlas antes de Navidad para colgarlas del árbol junto con las bolitas y la estrella. Cuando llega el 31 de diciembre se descuelgan y se comen, suponiendo que el gato no haya tirado al suelo el árbol para comérselas primero.
El baklava turco
Viajando hacia la zona de los Balcanes y a Turquía encontraremos el baklava, elaborado con una pasta de nueces o pistachos que recuerda al hojaldre, y bañado en almíbar o jarabe de miel. La historia de los baklava es posiblemente la historia más viajera y trotamundos de todos los dulces de Navidad. Su origen se remonta a la antigua Mesopotamia, aunque se cree que fueron los asirios quienes lo inventaron allá por el siglo VII a. C. Los mercaderes griegos descubrieron los baklava en sus viajes a Mesopotamia y los llevaron consigo a Atenas y a todo el imperio griego. Posteriormente, en el siglo XV, los otomanos conquistaron Constantinopla y extendieron su dulce favorito por todo el imperio otomano. Aunque no hay que perder de vista a aquellos que aseguran que el baklava es de origen mongol puesto que un libro chino del siglo XIV menciona la receta.
A día de hoy se considera un postre turco y es Turquía quien ostenta con orgullo la denominación de origen de los baklava, aunque también son uno de los dulces más típicos en la zona de los Balcanes.


Los dulces de Navidad en la Europa más septentrional
Más hacia el norte, la Navidad huele a especias. El pan de jengibre y las galletas de jengibre son los protagonistas absolutos de la gastronomía navideña en los países nórdicos, donde las recetas comenzaron a extenderse en el siglo X. A día de hoy podemos encontrar galletas de jengibre en forma de árbol de Navidad, de corazón, de estrella o de hombrecillo. Estas últimas en forma de hombrecillo (gingerbread man) se popularizaron gracias a la reina Isabel I de Inglaterra, última monarca de la dinastía Tudor quien, en el siglo XVI, las regalaba a las personalidades que visitaban el palacio real.
Por su parte, las galletas de jengibre en forma de casa (gingerbread house) se popularizaron en Alemania y los países nórdicos como una tradición navideña en el siglo XIX gracias al cuento de los hermanos Grimm Hansel y Gretel. En Navidad, los más pequeños de la casa hacen galletas de jengibre que simulan los muros y tejados de la casa y luego unen las piezas con merengue. Por último, cada cual puede decorar su casa de jengibre a su gusto con chocolates o golosinas.
En Finlandia también son tradicionales de estas fechas las joulutorttu, unos pasteles de hojaldre en forma de molinos de viento que llevan puré de ciruelas en su interior. Si visitas Finlandia en Navidad podrás verlos en todas partes, desde cafeterías o pastelerías hasta carritos de venta en las calles, mecadillos o centros comerciales. Allí se consumen calientes y es imposible no quemarte la lengua con el puré de ciruela la primera vez que lo comes. O incluso la segunda y hasta la tercera.



Miremos al resto del mundo…
Por último hablaremos de otros países fuera de Europa que también han acabado arraigando sus propias tradiciones gastronómicas navideñas, en muchos casos por influencia europea. Es curioso el caso de Japón, de mayoría budista y donde, por tanto, no se celebra la Navidad, y sin embargo es muy popular el kirisumasu keiki o pastel de Navidad. Se trata de una tarta de crema o de nata adornada con fresas naturales que se consume el día 25 de diciembre a pesar de que allí ni siquiera es un día festivo.
En Estados Unidos tienen el Apple Pie o pastel de manzana. Aunque puedes comerlo todo el año, nunca puede faltar en las celebraciones navideñas.
Por su parte, Australia y Nueva Zelanda compiten por la propiedad de la receta de la Pavlova, un pastel crujiente por fuera y cremoso por dentro, a base de merengue, nata y trozos de frutas. Se llama así en honor a la bailarina rusa Anna Pavlova, que visitó estos países de gira en los años 20 dejando enamorados a sus admiradores, que quisieron rendirle homenaje elaborando un dulce que llevara su nombre.
Si bien es un postre que se puede comer todo el año, se ha convertido en un imprescindible en las mesas de los banquetes navideños. Los dos países mantienen una disputa por querer ser los inventores del postre, hasta el punto de existir personas que se dedican a investigar su origen. Por el momento, la receta más antigua data de 1929 y fue descubierta por una profesora de la Universidad de Otago, Nueva Zelanda, lo que deja a Australia fuera de la competición.



Como podéis ver, los dulces de Navidad son una de las tradiciones más populares y exquisitas que existen, y bien merecen ese michelín traicionero que aparece de golpe el seis de enero. ¡Vosotros disfrutad, que ya llegarán los días tristes de la operación bikini!

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




