En este post voy a hablaros de los conventos toledanos, lugares mágicos donde el tiempo se detuvo para obsequiarnos con dulces de nuestros antepasados. Los dulces de recetas centenarias elaborados de forma artesanal, que no conocieron el transcurrir de los siglos. Se trata de lugares en los que podríamos encontrar cocineras horneando panes en antiguos hornos de barro; alacenas de madera vieja repletas de especias; tinajas y vasijas congeladas en el tiempo como en un bodegón de Zurbarán. Algunos de estos monasterios y conventos toledanos son, además, monumentos históricos cuya visita te transportará al Toledo antiguo de las juderías, los barrios árabes y los conventos de clausura.
Convento de Jesús y María
Fue fundado hacia el año 1600 por Doña Juana de Castilla y Toledo, noble descendiente del rey Pedro I de Castilla. Hacia 1530 contrajo matrimonio con Fernando Niño, miembro destacado de la nobleza toledana, que falleció en 1562 dejando a Juana como única heredera. Juana decidió utilizar su herencia fundando conventos y monasterios como éste de la orden de las dominicas.
Tras pertenecer a diversas familias de nobles, el edificio comenzó a usarse como convento en 1601. Se trata de un conjunto de casas antiguas que conserva restos mudéjares del s. XIV.
A finales del s. XX, la orden se trasladó a otro edificio a las afueras del casco histórico y el edificio antiguo fue adquirido por el Ministerio de Cultura, que instaló en él el Archivo Histórico Provincial de Toledo. La antigua iglesia se ha convertido en sala de conferencias. El antiguo refectorio y la sala capitular se han transformado en salas de estudio e investigaciones. El resto de las estancias son los depósitos documentales.
Si os apetece visitar el edificio, el Archivo Histórico Provincial de Toledo ofrece visitas guiadas a grupos, aunque debéis concertarlas primero. Y si queréis degustar los dulces elaborados por las monjitas del actual convento de Jesús y María, no dejéis de probar sus deliciosas galletas de coco, sus peces de mazapán o sus perrunillas. ¡Os chuparéis los dedos!


Convento de las Agustinas Calzadas
También conocido como Convento de las Gaitanas ya que fue fundado en 1459 por Doña Guiomar de Meneses, mujer de Lope Gaitán, que quiso fundar un beaterio cerca de la Iglesia de Santa Leocadia. Más tarde, Don Diego de la Palma y su mujer Mariana donan a la orden unas casas donde hoy se asienta el convento. Ordenan entonces construir una iglesia con los planos de fray Lorenzo de San Nicolás. Posteriormente, Diego Benavides simplificaría el proyecto original, encargándole el trabajo al maestro toledano Juan de Herrera.
En el interior de la iglesia destaca el retablo mayor representando la Gloria de la Inmaculada, espléndida pintura de Francisco Rizi, autor de obras como la Adoración de los Reyes de la catedral de Toledo.
Mediado el s. XVIII, el cardenal Luis Fernández de Córdoba ordena construir el convento que vemos en la actualidad.
Si os apetece visitar la iglesia del convento y la obra de Rizi, podéis hacerlo en horario de misa. Y si queréis saborear sus dulces típicos, tenéis que probar sus mazapanes y sus gaitanitas, el sabroso dulce elaborado en honor a sus fundadores. ¡Os quedaréis con ganas de más!


Convento de San Antonio de Padua
En su origen fue también un beaterio, fundado en 1514. En 1525, la orden compra el palacio de Hernando de Ávalos, regidor de Toledo a quien Carlos V confiscó todos sus bienes y condenó a muerte por ser jefe de los comuneros de Castilla. Algunos documentos mencionan a Hernando de Ávalos como tío de Juan de Padilla. Parece que la sentencia de muerte no llegó a cumplirse ya que Hernando desapareció al marcharse con María Pacheco a Portugal tras la muerte de Juan de Padilla.
El convento de las Franciscanas de San Antonio de Padua compró el palacio situado en Santo Tomé con permiso del Cardenal Cisneros y la ayuda económica de Catalina de la Fuente, tía de la fundadora. Este palacio sería el origen del convento de San Antonio de Padua, al que, como en muchos otros conventos toledanos, se añadirían posteriormente otras casas contiguas.
El convento posee una portada gótico-mudéjar, resto del antiguo palacio. En su interior destacan el patio de los Naranjos, de 1480, y el patio del Cementerio, del s. XVI. En el zaguán del edificio podréis comprar los dulces que las monjitas elaboran para sus clientes.
Como curiosidad, en el edificio se conservan los cubiertos de mesa del cardenal Cisneros, elaborados de oro, coral y carey.
Es uno de los conventos toledanos que ofrecen visitas a grupos, pero primero tendréis que concertarlas. ¿Sus dulces más típicos? Los corazones almendrados de San Antonio, los roscos de zumo de naranja y los bombones de mazapán bañados en chocolate crujiente. Un auténtico deleite para el paladar que no os podéis perder por nada del mundo.


Imperial Monasterio de San Clemente.
Este convento fue fundado extramuros por Alfonso VI, el monarca que reconquistó Toledo en 1085. Recibe el nombre de Imperial Monasterio al ser el único de los conventos toledanos de fundación real. Posteriormente fue trasladado al centro de la ciudad por Alfonso VII, quien enterró en el convento a su hijo, fallecido a edad temprana.
Es un imponente convento que ocupa una manzana entera, compuesto de diversas partes construidas a lo largo de varios siglos y de distintos estilos arquitectónicos. La iglesia, el coro y la sala capitular son renacentistas. La portada de acceso a la iglesia, de estilo renacentista plateresco, se atribuye a Alonso de Covarrubias.
La iglesia es la única edificación fuera de la zona de clausura. Existe en su interior un balcón de forja sobre uno de los retablos desde el cual escuchaba las misas en el s. XVIII el infante don Luis de Borbón, hermano de Carlos III. Sus padres le consiguieron el otorgamiento de arzobispo de Toledo y Primado de España cuando apenas tenía ocho años, tras duras gestiones con la Santa Sede que impedía el ordenamiento de niños sacerdotes. (Veinte años después, el ‘niño arzobispo’ abandonaría la vida eclesiástica en busca de “una mayor tranquilidad de espíritu y seguridad de su conciencia”, convirtiéndose en conde de Chinchón, pero eso es otra historia).
Forma parte del complejo del monasterio el Centro Cultural San Clemente, donde se encuentran la Biblioteca, la Unidad de Restauración y el Centro de Exposiciones de la Diputación de Toledo, donde se acogen actividades culturales de todo tipo.
Las monjas que habitan el convento en la actualidad dividen su tiempo entre las oraciones, la organización de la biblioteca y el archivo y la elaboración de riquísimos dulces, en especial los mazapanes. En base a ciertos documentos fechados en la Edad Media, algunos historiadores mantienen que fue en este convento toledano donde se elaboró el mazapán por vez primera. Tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, el hambre asolaba la región, las monjas solo contaban con almendras y azúcar y decidieron mezclarlo todo dando lugar a una masa con la que alimentaron a la población. Así nació el mazapán. Dicen que la receta original solo se conoce dentro de los muros del convento y que se ha ido transmitiendo entre las monjas a lo largo de los siglos para perpetuar la tradición.
Como curiosidad, si vais a ver el convento y miráis con atención la portada, no solo veréis el bellísimo trabajo renacentista de Alonso de Covarrubias, sino también la firma que Gustavo Adolfo Bécquer escribió en ella hacia el año 1857 en un pequeño arranque de gamberrismo gracias al cual hoy disfrutamos de su autógrafo en una obra maestra del Renacimiento.
Descubierta a principios del s. XX, por aquel entonces se decía que Bécquer se subió a hombros de su hermano Valeriano para escribir su nombre en la portada, pero dada la altura a la que está escrita (unos cinco metros) es más probable que “cogieran prestada” la escalera a algún sereno desprevenido alguna de las muchas noches que pasearon juntos por las calles de la ciudad. Existen fotografías del convento de finales del s. XIX donde ya se aprecia la firma del artista y, dado que el trabajo de Bécquer comenzó a adquirir reputación en el s. XX, es más que probable que la firma sea original. Probad a encontrarla, no es difícil.
Normalmente no se puede visitar el interior del convento, aunque en ocasiones se organizan jornadas de puertas abiertas para que la gente pueda conocer su interior. Si tenéis ocasión de verlo, no os defraudará. Se trata de un complejo construido a lo largo de varios siglos que muestra una impresionante mezcla de arte mudéjar, renacentista y barroco.
Y si lo que queréis es degustar los dulces de los conventos toledanos, en este deberéis empezar por sus pastas de almendras, sus pastas de piñón y, cómo no, sus famosas delicias de mazapán. Notaréis cómo siglos de historia regresan del pasado para traeros de vuelta sabores añejos que creíais desaparecidos. ¡Una deliciosa experiencia centenaria!


Convento de Santo Domingo de Silos (o Santo Domingo el Antiguo)
De todos los conventos toledanos, es el más antiguo. Algunos manuscritos antiguos datan su construcción en la época de San Ildefonso de Toledo, en el s. VII, aunque fue modificado tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en el 1085. Más tarde, en el s. XVI, volvió a sufrir una transformación al derribarse la antigua iglesia mudéjar con el fin de edificar una nueva iglesia renacentista donde enterrar a María de Silva, una noble portuguesa que llegó a Castilla siendo niña con el séquito de la reina Isabel de Portugal. Más tarde, esta niña se casaría con Pedro González de Mendoza, contador mayor de Carlos V. Cuando María de Silva enviudó, entró a vivir en el convento y ordenó ser enterrada en él, razón por la cual fue construida la nueva iglesia bajo la supervisión de Nicolás de Vergara, primero, y de Juan de Herrera después.
Para decorar la iglesia, don Diego de Castilla, deán de la catedral de Toledo, encargó a El Greco pintar el retablo mayor y dos laterales. Muchos de estos lienzos se conservan a día de hoy en diversos museos, pero algunos siguen decorando el interior de la iglesia. También se conservan en el convento los contratos entre Domenico Theotokopoulos, El Greco, y Diego de Castilla, firmados en 1577.
El claustro de Los Laureles es de estilo renacentista. La sala capitular conserva la decoración mudéjar y el coro cuenta con un gran artesonado con formas renacentistas y mudéjares.
Si queréis conocerlo, podéis visitar este convento cualquier día de la semana. En su interior podréis ver la tumba donde yace El Greco, que pintó sus primeras obras en el convento y quiso ser enterrado en él. También podréis ver los contratos que firmó para trabajar en la decoración de la iglesia.
Y si queréis degustar los dulces típicos del convento, tenéis que probar sus pastas de té, su pasta bonita y sus castañas de mazapán cubiertas de chocolate. ¡No os preocupéis por las calorías, os desharéis de ellas subiendo y bajando cuestas en el casco histórico!



Convento de las Comendadoras de Santiago
Fundado en el s. XIV con el nombre de Convento de Santo Domingo el Real, poco a poco fueron añadiéndose nuevos edificios aledaños, una práctica habitual en todos los conventos toledanos que al final tienden a convertirse en complejas estructuras de diferentes estilos arquitectónicos. El núcleo central de este convento es el Claustro de la Mona, dedicado a las procesiones del convento y construido en el s. XVI bajo las órdenes de Diego de Alcántara, que se formó junto a Juan de Herrera y participó con él en la construcción del Alcázar de Toledo.
En el año 1935, las monjas comendadoras de Santiago abandonaron el Convento de Santa Fe y se establecieron en el Claustro de la Mona y los edificios aledaños.
La iglesia del convento conserva el púlpito renacentista. También se conservan retablos barrocos que las monas trajeron consigo del Convento de Santa Fe.
Las monjas comendadoras se conocen en Toledo como “las monjitas de la guardería” ya que se dedican a cuidar niños pequeños en horario escolar desde 1961.
Si queréis conocer el convento, podéis visitar el Claustro de la Mona reservando cita con anterioridad. Y en cuanto a sus dulces más típicos, no podéis marcharos de Toledo sin probar sus flores de cardamomo, las yemas de Santa Teresa, sus deliciosas magdalenas de aceite y leche y su famoso bizcocho de limón, una maravilla culinaria célebre entre los toledanos que os hará la boca agua. ¡Os prometo que, cuando lo probéis, querréis repetir una y otra vez!


Convento de San José
Este convento fue construido sobre el palacio renacentista de don Fernando de la Cerda. Tras morir don Fernando con el palacio inacabado, sus herederos vendieron el edificio a la orden de las carmelitas a principios del s. XVII.
Anteriormente, el convento había sido creado en otro edificio por la propia Santa Teresa de Jesús, en el s. XVI. Habiendo pasado largas temporadas en Toledo visitando a su amiga, doña Luisa de la Cerda, Santa Teresa se trasladó de nuevo a la ciudad en 1569 con intención de llevar a cabo su quinta fundación. En Toledo permaneció un largo periodo durante el cual llevó a cabo una importante labor escritora. Fue en esta ciudad donde reescribió Camino de perfección, acabó Fundaciones y dio forma a Las moradas.
En el convento de San José se conservan una copia de Camino de Perfección con anotaciones escritas a mano, así como algunas de las cartas escritas por la santa durante el periodo que pasó en Toledo. También conservan un hábito, la sábana sobre la que expiró, un tambor y una pandereta, así como dos pinturas que compró en un mercado callejero de la ciudad.
Como muchos otros de los conventos toledanos, solo se puede visitar cuando se organizan jornadas de puertas abiertas. Lo que sí podréis degustar en cualquier momento son sus deliciosas mermeladas de naranja, fresa, melocotón y pera. Un tarrito de estas mermeladas artesanales os servirá como un original y sabroso regalo con el que tendréis el éxito asegurado.

Convento de Santa Isabel de los Reyes
Este convento fue fundado en 1477 por doña María Suárez de Toledo, noble emparentada con los Reyes Católicos. Fernando el Católico heredó en Toledo dos palacios mudéjares que cedió a su tía segunda, María Suárez, para fundar un convento (razón por la que el convento recibe el apellido “de los Reyes”). También contribuyó al proyecto el cardenal Mendoza al ceder la iglesia de San Antolín, aledaña a los palacios. Posteriormente se sumarían otros edificios.
Algunos años después de la fundación del convento sería enterrada en él Isabel de Aragón y Castilla, hija de los Reyes Católicos y Reina de Portugal, fallecida en el parto de su primer hijo. Dicen que la tumba es igual de sencilla que las de las otras monjas por expreso deseo de Isabel.
La iglesia de estilo mudéjar fue reconstruida a principios del s. XVI para crear una nueva iglesia de estilo gótico. El retablo de la capilla mayor es del maestro Juan Bautista Monegro.
En el claustro de La Enfermería hay un museo que alberga objetos de todo tipo que las religiosas han conservado durante siglos. Otras dependencias del convento acogen a día de hoy un taller de damasquino, orfebrería artesanal típica de la ciudad de Toledo.
Es uno de los pocos conventos toledanos que dispone de horario de visitas todos los días de la semana, aunque no se puede visitar la tumba de Isabel de Aragón. Si lo que queréis es saborear sus dulces, llamad a la puerta y probad sus pastas de anís y limón, sus abanicos y sus cachitos. También podéis encargarlos en nuestra web. Su exquisito sabor de tradiciones añejas os imbuirá del silencio y el sosiego que se respira en el convento. ¡Un placer para los sentidos propio de reyes y reinas!



Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




