Mis queridos reposteros, ésta es una receta ideal para iniciar a los pequeños reposteritos incipientes a que elaboren sus primeras recetas. Es sencilla, saludable para esos miniglotoncillos en crecimiento y está deliciosa. También es ideal para castigar púberes apartándolos una tarde del móvil y las redes sociales: se aburrirán tanto que querrán ayudaros a elaborar las natillas. Al principio os pasarán los huevos y el azúcar con esa pose de aburrimiento vital que define sus días pero, cuando la leche comience a despedir ese aroma glorioso a canela y azúcar, se activará esa zona del cerebro que se anima de forma innata en todo golosón cual ratoncillo hipnotizado por flautista de Hamelín. ¡Acabarán disfrutando la experiencia como los enanitos que son!
Lista de la compra para tus natillas:
- 1 litro de leche
- 7 yemas de huevo
- 150 g. de azúcar
- 30 g. de maicena
- Un trozo de cáscara de limón
- 1 rama de canela
- Canela en polvo para decorar (opcional)
- Galletas María para decorar (opcional)
Utensilios utilizados:
- Cazo.
- Bol.
- Varillas manuales.
- Pico vertedor de líquidos.
- Recipientes de cerámica para servir.

¡Manos a la obra!
1. Cortamos un trozo de cáscara del limón sin llegar a la parte blanca ya que aportaría un sabor amargo a nuestras natillas.
2. Calentamos la leche en un cazo a fuego medio junto con la corteza de limón y la rama de canela. La leche no debe llegar a hervir. Cuando esté caliente, apartamos el cazo del fuego y dejamos que se vaya enfriando.



3. En un bol, batimos las yemas de los huevos junto con el azúcar hasta obtener una mezcla homogénea.



4. Añadimos la maicena a esta mezcla y batimos hasta integrarla por completo y sin grumos.



5. Cuando la leche esté templada, retiramos la cáscara de limón y la rama de canela. Sacamos dos cucharones de leche y los añadimos a la mezcla de yemas, azúcar y maicena. Removemos bien.


6. Ponemos el resto de la leche a calentar de nuevo en su cazo.
7. Vertemos la mezcla de yemas en el cazo con la leche y calentamos a fuego medio sin dejar de remover para que vaya espesando sin grumos.
8. Cuando obtengamos una crema espesa, retiramos del fuego.


9. Repartimos la crema en recipientes y dejamos que se enfríe antes de introducirlos en la nevera.


10. Si os gusta que las galletas queden crujientes, añadidlas a las natillas cuando se hayan enfriado por completo. Si, por el contrario, os gusta que queden blandas, añadidlas cuando la crema esté todavía caliente, tras repartirla en los recipientes. También podéis decorar las natillas con barquillos, chips de chocolate, frutos rojos o frutos secos.

11. Por último, antes de servir, añadid canela a vuestro gusto.

¡Voilà! Tan sencillo y tan, taaan rico. ¡Y ese aroma tan especial que queda en la cocina…! ¡Huummm…! ¡Parece que ya podemos olerlo y aún no hemos empezado!
Hoy todos disfrutaremos un postre nutritivo y tradicional que nunca nos cansábamos de comer cuando nuestras madres lo preparaban en esos días especiales; un postre que nuestros retoños también aprenderán a preparar para sus propios peques el día de mañana. Pasarán los años, muuuchos años, pero hay postres que nunca pasarán de moda. Y las natillas se encuentran, sin duda alguna, en el podio de esos dulces que han sobrevivido a los siglos y que perdurarán por mucho que pase el tiempo. Porque, cuando la raza humana se haya extinguido y lleguen razas alienígenas a explorar entre los restos del Empire State y la Estatua de la Libertad, ¿qué creéis que encontrarán? ¡Por supuesto que sí, mis intrépidos reposteros! ¡Móviles, tabletas y natillas con galletas!
¡Enviadnos vuestras fotos! ¡Qué aproveche!







Han puesto su alma en estas deliciosas natillas:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




