Despiertas de tu sueño profundo hacia un estado de duermevela. Algo se cuela en tu subconsciente. Algo que quiere alterarte. Pero estás demasiado perezos@ para intentar pensar. Quieres regresar a tu sueño, así que das media vuelta en la cama con la esperanza de seguir durmiendo. No, hay algo que no cuadra. Para empezar, ¿no hay demasiada luz en la habitación? Tu subconsciente intenta tomar el control, quiere entrar en la habitación principal de tu mente como elefante en cacharrería, y al final lo consigue. ¡Rediós, claro que hay luz, es demasiado tarde! ¡El trabajo! ¿A que me he dormido?
Suspiro de alivio. Sonríes en la cama. No te has dormido, es Navidad. Puedes dormir hasta la hora que quieras. Pero no, ahora tampoco. Hay algo más que sigue taladrando tu subconsciente, y ahora que estás más espabildad@, te das cuenta enseguida. ¡Esos ruidos! ¡Gritos, ladridos, risas, llantos! Los niños, ¡rediós! ¡Los niños! ¡Están en casa! ¡Tienen vacaciones! ¡Y los muy dementes han madrugado para hacer diabluras!
Te levantas corriendo, recorres el pasillo corriendo, una zapatilla no ha terminado de entrar en el pie y se sale en mitad del recorrido, tropiezas pero no caes y continúas tu carrera hasta el salón a tiempo de ver a Pepelu encaramado a lo alto del árbol de Navidad llorando porque no sabe bajar, a Piluca pintando un mural navideño en la pared del salón mientras emite una extraña risas satánica y a Sultán comiendo mantecados porque se le ha acabado el pienso.
Contemplas la escena paralizad@, sin saber a cuál de todas esas situaciones poner fin primero y a cuál después. Y, en un asombroso ejercicio de desdoblamiento mental, un trozo de tu mente se encarga de activar un brazo para agarrar a Pepelu en el aire antes de que se desplome hacia el suelo, otro fragmento de tu mente activa el otro brazo para quitarle las ceras a Piluca de las manos, otro fragmento activa una pierna para darle una patada a la bandeja de los mantecados y el otro trozo de mente que quedaba libre está ocupado pensando qué hacer para mantener a la manada ocupada todo el día.
¡Bingo! ¡Lo tienes! ¡Vamos a hacer dulces de Navidad todos juntos para mantener esas mentes delirantes concentradas en algo productivo! Y tienes la receta perfecta: esos muñecos navideños de hojaldre que viste en Toledo en Dulce. Son fáciles de preparar, aptos para niños de mentes maquiavélicas, son divertidos ¡y tienen una pinta riquísima!
- ¡Niñooooss! ¡Conmigo a la despensa! ¡Ahora! ¡HE DICHO AHORA!
Lista de la compra para nuestros muñecos navideños de hojaldre (unos 6-8 muñecos):
- 2 láminas de hojaldre.
- 1 tarro de Nutella, Nocilla o la crema de cacao que más os guste.
- 1 huevo para pintar el hojaldre.
- Azúcar glas para espolvorear.
Utensilios utilizados para elaborar nuestros muñecos navideños de hojaldre:
- Rodillo.
- Espátula.
- Cortadores de formas navideñas.
- Bandeja de horno.
- Pincel de silicona.
- Rejilla enfriadora.
- Espolvoreador de azúcar glas.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, extendemos una lámina de hojaldre y la aplanamos con el rodillo.
2. Una vez aplanada la lámina, la cubrimos con la crema de cacao que hayamos elegido.



3. A continuación, extendemos y aplanamos la segunda lámina de hojaldre y cubrimos con ella la capa de crema de cacao.
4. Seguidamente, utilizamos un cortador con forma de muñeco o de la forma navideña que más nos guste. Podemos emplear cortadores de distintos tamaños y formas para aprovechar mejor los huecos que queden en las láminas de hojaldre.





5. Para continuar, ponemos los muñecos en la bandeja del horno forrada con papel de hornear, batimos el huevo y pintamos la parte superior de los muñecos con el huevo batido.
6. Finalmente, horneamos los muñecos a 200ºC durante 15 minutos.
7. Cuando hayamos acabado de hornear, dejamos enfriar los muñecos sobre la rejilla y espolvoreamos con azúcar glas. ¡Listos para disfrutar!






Mira a tus niños. Te ha llevado toda la mañana preparar los muñequitos: Pepelu, con su mente perfeccionista, no quedaba conforme con el alisado del hojaldre, y ha tenido que cambiar tres veces de rodillo. Después, se ha empeñado en batir el huevo él solito, y se lo ha tomado con toda la calma del mundo. Y Piluca, con esa mente creativa que nadie sabe de dónde ha sacado, quería modificar la forma de los muñecos para que pareciera que estaban saludando con la mano, e incluso ha inventado diálogos entre los muñecos que parecían un tratado sobre filosofía. Por supuesto, fue ella quien pintó las láminas con crema de cacao, y no hace falta decir que hay restos de crema de cacao hasta en los lugares más insospechados.
Pero reconócelo: no puedes evitar sonreír orgullos@. Tus niños se han tomado sus tareas de pequeños reposteros con toda la seriedad de que son capaces, han estado ocupados toda la mañana, no han hecho trastadas en todo ese tiempo y el resultado son estos estupendos muñecos recién horneados que despiden ese aroma tan rico y que van a durar intactos 30 segundos: los justos para tomar las fotos de tus niños con sus expresiones de orgullo en el rostro y la bandeja con muñecos navideños en sus manitas. ¿Ya tenéis las fotos? Pues ya sabéis el resto: enviadlas a Toledo en Dulce ¡y a disfrutar los muñecos! ¡Que no quede ninguno!





Han puesto su alma en estos deliciosos y aromáticos muñecos navideños de hojaldre:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




