Hoy, mis intrépidos reposteros, vamos a preparar una de esas recetas a la antigua usanza, con mimo, sin prisas. De las que se elaboraban antiguamente, cuando el tiempo transcurría con lentitud entre hornos y fogones. Tiempos en que los ingredientes eran simples y naturales, las manos que cocinaban eran sabias y el fin era perseguir la perfección en cada receta. Vamos a intentar emular las manos, la paciencia y la sabiduría entre fogones de esas monjas que dedican sus horas, día tras día, a elaborar dulces en hornos que han dado lo mejor de sí durante décadas o siglos. Hornos y fogones que han visto preparar recetas antiquísimas, transmitidas como tesoros de generación en generación. El bizcocho de las monjas que vamos a preparar nos transportará a los días en que nuestros abuelos eran niños, cuando la costumbre era tomarse tiempo para preparar postres deliciosos, y más aún para saborearlos.
El que vamos a hacer no es un bizcocho difícil, pero nos pedirá un poco más de dedicación que los bizcochos sencillos que estamos acostumbrados a elaborar. Sin embargo, el resultado merecerá la pena: tendremos la oportunidad de disfrutar el sabor de la antigua repostería y la esponjosidad y textura de los bizcochos tradicionales. ¿A que se os hace la boca agua? ¡Pues venid con nosotros al súper, que nos vamos de compras!
Lista de la compra para nuestro bizcocho de las monjas:
- 4 huevos.
- 1 vaso de harina de trigo.
- 1 vaso de harina de maíz (maicena)
- 1 vaso de aceite (de girasol o bien de oliva de sabor suave)
- 1 vaso de leche (es opcional. Si la masa se queda muy espesa después de integrar la harina, podemos añadir el vaso de leche. Si preferimos un bizcocho más denso, no emplearemos el vaso de leche)
- 1 cucharada de esencia de vainilla.
- 1 sobre de levadura.
- 1 pizca de sal.
- La ralladura de un limón (debemos tener cuidado de rallar únicamente la parte amarilla de la cáscara ya que la parte blanca aportaría un sabor amargo)
- Azúcar glas para espolvorear.
Utensilios necesarios para nuestro bizcocho de las monjas:
- Bol.
- Tamizador.
- Varillas eléctricas o manuales.
- Espátula de silicona.
- Molde rectangular.
- Papel vegetal.
- Rejilla enfriadora.
- Espolvoreador de azúcar glas.
- Cuchillo.

¡Manos a la obra!
1. En primer lugar, tamizamos las harinas y añadimos la levadura. Reservamos.
2. En segundo lugar, separamos las claras de las yemas de los 4 huevos. Reservamos las yemas.
3. A continuación, añadimos una pizca de sal a las claras y batimos hasta que hagan espuma. Añadimos 2 ó 3 cucharadas del vaso de azúcar y reservamos el resto del azúcar. Continuamos batiendo hasta montar las claras. Reservamos.





4. Seguidamente, agregamos el resto del azúcar a las yemas y batimos hasta que la mezcla comience a blanquear.
5. Añadimos el vaso de aceite y batimos hasta integrar.
6. Incorporamos la esencia de vinilla y batimos para integrar.
7. Para continuar, añadimos la harina y batimos hasta integrar. Debemos evitar batir en exceso ya que la mezcla quedaría demasiado espesa. La mezcla debe tener la textura de una crema. En caso de que espese mucho tras integrar la harina, podemos agregar el vaso de leche y batir para integrar.
8. Añadimos la ralladura del limón y mezclamos con la espátula.







9. Llegados a este punto, precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo.
10. Por último, incorporamos en varias tandas las claras montadas y mezclamos con la espátula. Emplearemos movimientos suaves y envolventes para no quitar el aire de las claras.
11. Forramos con papel de hornear nuestro molde y vertemos la mezcla en él. Horneamos durante 35 minutos.
12. Transcurridos los 35 minutos, sacamos el bizcocho del horno y dejamos enfriar en la rejilla enfriadora. Cuando se haya enfriado, espolvoreamos con azúcar glas la zona superior y retiramos los bordes del bizcocho para darle mejor aspecto.







Servíos una taza de café caliente y aromático, alejad los teléfonos un rato y disfrutad con todos vuestros sentidos de este bizcocho con sabor a repostería tradicional. Vaciad la mente y dedicaos a mirar la lluvia por la ventana, o los coches pasar, o las gentes sumidas en sus vorágines. Al menos por un ratito, vosotros estáis en vuestra pequeña burbuja, al margen de las prisas y la vorágine. Tan sólo existen el aroma y el sabor de vuestro rico bizcocho de las monjas y el café. Concedeos este pequeño placer y encararéis el resto del día con la mejor de las sonrisas. ¡Pero enviadnos las fotos de vuestros bizcochos cuando salgáis de la burbuja!




Han puesto su alma en este esponjoso y delicioso bizcocho de las monjas:

Lourdes Fernández
Nuestra Guerrillera de los Fogones
Con el cariño, buen hacer y delicadeza que requiere la repostería pongo todo el empeño en cada paso, y añado mi gusto por la decoración con el fin de sacar el mejor partido a Toledo en Dulce. Acompáñame en este viaje y descubrirás desde los dulces más clásicos hasta un increíble mundo repostero lleno de fantasía.

Ana Sanz
La Ilustre Gacetillera
Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.




