¿Decís que tenéis unos días libres y no sabéis en qué emplearlos? ¿Un puente entero para disfrutar y aún no sabéis qué hacer? Mis intrépidos reposteros, ¡no os preocupéis! ¡A nosotros nos sobran las ideas! ¡Sacad las maletas, un viaje por La Mancha será la excusa perfecta para descubrir la extraordinaria repostería manchega!

Vamos a ver, ¿casa rural? Pufff… habéis repetido en tantas casas rurales que sus dueños os mandan jamones por Navidad. ¡En otro momento! ¿Un balneario de vinoterapia? Aaay… el vino está muy bien pero los baños calientes están sobrevalorados, al cabo de dos minutos ya no sabéis qué hacer… ¡¿Y si vais como voluntarios a un yacimiento arqueológico?! ¡Puede ser divertido! Bufff… la última vez que lo hicisteis teníais veinte años. Si lo hacéis ahora, seguro que acabáis baldados. ¡A ver quién os quita luego la ciática! Un momento… hummm… ¿Y una ruta por esos lugares con encanto de La Mancha? Está todo tan a mano, tan cerca… Lugares con personalidad propia, gente amable y, lo más importante: ¡comida rica! ¡Dulces sabrosos! Pero, ¿cómo no se os ha ocurrido antes? ¡Menudo cuajo, ya os vale…!

Repostería manchega: la provincia de Toledo.

Los molinos de Consuegra recortándose contra el cielo azul; la berrea del ciervo en el Parque Nacional de Cabañeros; las jornadas medievales de Oropesa con sus espectáculos de cetrería y sus mercadillos de artesanía y repostería; la tradición alfarera de Talavera de la Reina; El Toboso, lugar de origen de Dulcinea, el gran amor del Quijote; el fantástico espectáculo de Puy du Fou que os pondrá la piel de gallina y, por supuesto, el magnetismo centenario de su capital. ¡Os habéis decidido por venir a Toledo! ¡Muy buena elección!

¡Qué hambre os va a entrar de tanto practicar vuestra mejor sonrisa para los selfies! No os preocupéis, tendréis muchas cosas ricas para probar cuando el cuerpo os suplique un descanso. Perdiz estofada, carcamusas, venado, caldereta… y, por supuesto, de postre, esos magníficos dulces que os cargarán las pilas para volver a patear las estrechas callejuelas toledanas en vuestra ruta nocturna del Toledo mágico o el Toledo misterioso. O el Toledo de las brujas. O el Toledo siniestro.

Y por supuesto, lo más importante, que para eso hemos venido. Buscad un ratito para visitar alguno de los conventos del casco antiguo y disfrutad sus deliciosos dulces artesanales, elaborados por las monjitas de clausura a la antigua usanza y con el mayor de los mimos. El mazapán que nos legó la cocina árabe; las marquesitas, esa celestial creación de un pastelero de Sonseca que os sorprenderá por su exquisitez si aún no las habéis probado; las toledanas con su cabello de ángel o las delicias rellenas de yema confitada. Sin olvidar las anguilas de mazapán que, según la leyenda, fueron inventadas por la Inquisición para identificar a los falsos conversos tras la expulsión de los judíos en el s. XV. Todos estos dulces de la mejor repostería manchega darán pie a los momentos más memorables del viaje y serán protagonistas de vuestras fotos de Instagram.

Repostería en la provincia de Ciudad Real.

Las Tablas de Daimiel y sus aves migratorias; el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera con sus cascadas de agua; el Festival de Teatro Clásico de Almagro y sus magníficas representaciones de las obras del Siglo de Oro; el carnaval de Miguelturra; los molinos de Campo de Criptana que Don Quijote confundiera con gigantes o esos lugares de la Mancha de cuyo nombre, alguien no quería acordarse. ¿Creíais que visitar Ciudad Real sería tarea sencilla? ¿Que pasarías un puente tranquilo para reponer fuerzas? Nooo. Lamento deciros que las fuerzas las repondréis a la vuelta porque tenéis tanto que ver y tantos paisajes por patear que gastaréis las suelas de vuestras deportivas más trilladas.

¿La buena noticia? La cantidad de dulces deliciosos, ejemplo de la maravillosa repostería manchega, que harán de las paradas en boxes una experiencia inolvidable que siempre querréis repetir: los rosquillos fritos manchegos, las hojuelas manchegas, los pestiños o las flores fritas son ejemplos deliciosos de las frutas de sartén heredadas de la cocina andalusí: productos elaborados con harina y fritos en sartén que llevan siglos endulzando los paladares más selectos como el del propio Cervantes, que puso a sus inolvidables personajes a disfrutar ricos pestiños en varias de sus obras, entre ellas el Quijote.

Repostería manchega: la provincia de Albacete.

Una jornada de senderismo por el Valle del Cabriel; un recorrido por la “Suiza Manchega” en las Sierras del Segura y Alcaraz; el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima con sus cuevas, sus chorros y sus paisajes; el Chorraero y su cascada congelada en invierno; las tamborradas de Tobarra, Hellín y Caudete. No, un solo puente no basta para visitar Albacete. Ya podéis ir reservando para los próximos dos o tres puentes del calendario, porque los parajes que conforman sus sierras, sus ríos y sus cascadas y esos pueblecitos de postal asentados en las laderas escarpadas de las montañas os robarán el corazón y no querrán devolvéroslo.

Y entre ruta y ruta de senderismo, la mejor forma de recobrar fuerzas será sucumbir al encanto de sus dulces tradicionales, repostería manchega en su máxima expresión: hojuelas con miel, suspiros de Albacete, panecicos dulces (amorfos pero deliciosos) y, por supuesto, los Miguelitos de La Roda, esos pastelitos tentadores y apetitosos a base de hojaldre y rellenos de crema que serán los responsables de ese michelín impertinente que os saltará por encima del botón de los vaqueros a la vuelta del puente.

Repostería conquense.

¿Y qué me decís de Cuenca? Esa gran desconocida para muchos, pero no para aquellos que un día decidieron conocerla y ya no pudieron dejar de volver cada año para descubrir otro pequeño trocito de paraíso en la Tierra. El Parque Natural de la Serranía de Cuenca y su Ciudad Encantada, esculpida hace millones de años por las aguas del mar de Thetis; Las Majadas, increíble y mágico escenario de películas como “Conan el bárbaro” o “El mundo nunca es suficiente”; el yacimiento arqueológico romano de Segóbriga, las pinturas rupestres de Villar del Humo y la ruta de los dinosaurios; preciosos parajes donde practicar barranquismo, senderismo o escalada y, claro que sí, la capital, con sus casas colgadas y su casco histórico Patrimonio de la Humanidad.

¿Y qué vais a comer cuando el cuerpo os pida clemencia y descanso? Por supuesto, el postre por excelencia de la provincia de Cuenca, icono de la repostería manchega: el alajú, ese dulce de origen árabe a base de almendras, pan rallado, miel y especias, que supondrá el más sabroso colofón a toda una jornada de descubrimientos, deportes y aventuras. ¡No olvidéis disfrutarlo con un vasito de resoli!

Repostería manchega: la provincia de Guadalajara.

Y para poner el broche de oro: los bucólicos pueblecitos de pizarra de la Ruta de la Arquitectura Negra, en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara; el hayedo de Tejera Negra, cuyo colorido mágico y aire puro mutarán vuestro estrés cotidiano en calma, sosiego y bienestar; los campos de lavanda de Brihuega, lugar de peregrinaje para todo instagramer que presuma de colgar las fotos más trending del momento; el tren medieval de Sigüenza, con sus trovadores, sus malabaristas y sus degustaciones de pastelillos tradicionales; Hita, el pueblecito medieval donde ejerció el famoso arcipreste, y La Alcarria, ese “hermoso país al que la gente no le da la gana ir”, como dijera Camilo José Cela a su amigo Gregorio Marañón.

Mis intrépidos y viajeros reposteros, por fin estamos en Guadalajara, lugar al que regresaréis muy pronto, bien por la belleza de sus paisajes, bien por la añoranza de sus dulces: sus celebérrimos, húmedos y deliciosos bizcochos borrachos y las patas de vaca de Molina de Aragón, alumnos aventajados de la mejor repostería manchega.

Sí, habéis leído bien: patas de vaca. Este dulce, de elaboración exclusiva de este municipio y receta tan secreta como la de la Coca Cola, será uno de los descubrimientos más trascendentales de vuestro viaje por tierras castellanas. Su creación se remonta cinco generaciones atrás, al momento en que un repostero de la localidad comenzó a preparar su propio bizcocho relleno de crema en varias confiterías de su propiedad. A día de hoy, solo una permanece abierta: la pastelería El Manolongo, cuyo propietario es el último conocedor de la receta secreta de este dulce tan especial. Dicen que, sobre todo en Navidad, llega gente a Molina procedente de todos los lugares de España para probar sus patas de vaca. Y cuentan que están tan ricas que nunca defraudan a nadie.

¿Cómo? ¿Ya habéis llegado a casa? Pues ahora os toca deshacer maletas y poner lavadoras. ¡Qué dura es la vida del repostero viajero! ¿Os ha gustado el recorrido por la geografía manchega? ¿Cuáles de todos estos dulces de nuestra maravillosa repostería manchega habéis tenido el placer de probar? ¿Habéis conocido algún otro postre que no hayamos mencionado? ¡Contadnos, que el próximo puente nos vamos nosotros y no queremos perdernos ningún tesoro repostero por descubrir!

Ana Sanz

Ana Sanz

La Ilustre Gacetillera

Caminante de lejanos rincones que han tenido a bien acogerme; retornada a Toledo por vocación y añoranza. Lectora compulsiva, escritora en mis ratos libres; me gustan los dulces, los libros, caminar mientras divago, conocer sitios y disfrutar las cosas sencillas.

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